
David es un brillante neurocirujano necesitado de un trasplante de médula que, para sobrevivir, se lanza a la búsqueda de sus padres biológicos. Aunque las respuestas sobre su origen parecen ocultarse tras un velo de silencio y misterio, pronto descubrirá que en los Pirineos, durante la Segunda Guerra Mundial, un grupo de niños padecía un extraño y desconocido mal: eran insensibles al dolor físico.
Este el punto de partida de “Insensibles”, la primera y prometedora película de Juan Carlos Medina. Con unos niños con el raro síndrome de Nishida, el guión se pregunta qué ocurriría si unos niños crecen sin sentir dolor. La respuesta es que se tiende a la auto mutilación. Y de un modo metafórico, el director nos propone que reflexionemos sobre qué pasaría si, como los niños, nuestra sociedad fuera “insensible” al dolor producido por los crímenes ocurridos durante la dictadura franquista.








