23 octubre 2014 Drama, Estrenos

321 días en Michigan, la cárcel como microcosmos

Llega a nuestras pantallas, y con un estreno simultáneo en Canal +, 321 días en Michigan, ópera prima del director malagueño Enrique García. Viene precedida por su éxito en el pasado Festival de Málaga, donde obtuvo el premio del público y la Biznaga de plata al mejor actor de reparto, ex aequo para Héctor Medina y Salva Reina.

321 días en Michigan, la cárcel como microcosmos321 días en Michigan nos cuenta la historia de Antonio, un ejecutivo de éxito al que han condenado por delitos financieros, y que se enfrenta a dos años de cárcel. Como no está dispuesto a que nadie se entere, ha solicitado una excedencia y hace creer a todos que está estudiando un máster en Estados Unidos. Pero para salir a tiempo de reincorporarse al trabajo, tendrá que lograr que le reduzcan la pena mostrando un comportamiento ejemplar. Este propósito se complica cuando su novia le deja en la estacada y Antonio tiene que buscárselas él sólo en la cárcel para mantener a salvo su mentira.

García nos muestra el duro mundo penitenciario sin tópicos ni paños calientes, con un paisaje humano diverso y real: víctimas y depredadores, abusadores y abusados, pero todos creíbles gracias a las excelentes interpretaciones de todo el elenco, que nos muestras personas reales y cercanas, con las que conectamos aunque sean miserables o despreciables, señal de su buen hacer, así como del buen trabajo del guionista y del director.

Esta película no aprovecha el duro escenario que es la cárcel para mostrarnos un melodrama sobre la (presunta) dura vida anterior de los presos. Muy al contrario, se detiene en el momento actual para desnudarlos y presentárnoslos tal y como son, sin tener en cuenta sus antecedentes sociales y, por lo tanto, sin perder tiempo o, lo que es más importante, sin predisponer al espectador para decantarnos por algún personaje más que por otros.

321 días en Michigan, la cárcel como microcosmos

Así, iremos descubriendo sus vidas (en la cárcel), sus miedos y aspiraciones (reales, limitadas a lo que pueden conseguir estando en prisión). Este escenario, la cárcel, es otro personaje más, porque está presente en la inmensa mayoría de la trama, influyendo en los personajes como no podía ser de otra manera. El director logra que sintamos una mayor empatía con los protagonistas al encerrarnos con ellos, haciéndonos sentir cierto grado de agobio al terminar creyéndonos que formamos parte de esa dura vida, de esa lucha diaria.

Y parte de esa credibilidad se debe también al trabajo con la cámara: tanto los encuadres como la fotografía (la luz) hacen que subsconcientemente creamos estar ante un documental carcelario en el que se nos muestra de forma muy natural la rutina diaria que existe dentro de esos muros, sus reglas no escritas, sus jerarquías, esas extrañas alianzas que surgen de la necesidad…

321 días en Michigan, la cárcel como microcosmos

Es lo que todos los que lo desconocemos creemos que sería un fiel retrato, estremecedor y terrible, de ese microcosmos que es, sin lugar a dudas, una cárcel. Y que Enrique García nos muestra de una forma tierna pero sin tapujos.

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