19 marzo 2009 Críticas, Drama, Opinión, Posters

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La obra de José Saramago resultaba ser un libro duro y crudo, con unas descripciones tan bien construidas que incluso había que detenerse cada cierto tiempo para asimilar aquello que tu mente dibujaba bajo el influjo de las palabras del portugués.

A ciegas (Blindness), consigue transmitir gran parte de las sensaciones del libro. Como viene siendo habitual en las obras del brasileño Fernando Meirelles, el motivo estético cobra una importancia primordial, en A ciegas está acrecentado con respecto al resto de sus películas. La esencia del libro está inmersa en cada plano que construye el director, como bien sabe Meirelles el film debía de sostenerse en la relación de los personajes con su mundo e intentar crear ese mundo blanco que los ciegos ven. Mediante los fundidos en blanco -pude contar tan sólo dos en negro que correspondían al único personaje que podía ver- , las transiciones frías y los planos con colores bajos y oscuros, reflejan la actitud de los personajes respecto a lo que les ocurre, al miedo a lo desconocido y a no entender nada, motivos todos ellos muy kafkianos.

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El brasileño además de conseguir una audaz y buena adaptación, consigue que el film sea suyo, tenga la propia personalidad como para reconocer que es una adaptación, pero que ésta es de Meirelles. Un montaje atípico, con respecto a la mayoría de film actuales, y sobre todo anteponer una fuerte estética basada en el uso de la luz como reflejo de la crisis que viven los personajes. Fundidos, contraluces, desenfocados, el director utiliza todo lo que puede para marcar de personalidad el entorno donde se mueven sus personajes y así marcarlos a ellos. Además ayuda de manera importante la banda sonora, unas melodías que se confunden con las imágenes y que se apegan a ellas como si en la vida real verdaderamente estuvieran sonando.

La historia está conducida por los personajes de Julianne Moore y Mark Ruffalo, este último consigue destacar en su papel como ciego oftalmólogo y que conoce los problemas de la visión, salvo la extraña enfermedad que le ocupa. La magnifica interpretación de Julianne Moore consigue recomponer el miedo del espectador, ella es la espectadora de todo aquello que nadie ve, ella es la que muestra al espectador toda una serie de barbaries que el hombre lleva a cabo contra sí mismo. La espectadora que todo lo ve y lo siente y que se erige, más por necesidad, en la salvadora de los indefensos.

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En cierto modo el film juega mucho con el espectador, critica la sociedad actual de manera contundente. Todos estamos ciegos ante nuestro mundo, nadie ve lo que ocurre y lo que puede ocurrir. Para tal fin se encierra a una serie de personas que ante el aislamiento, el desconocimiento, crean su propio mundo, un mundo que destrozan igual que han ido destrozando el mundo donde vivían. Con villanos y verdugos, con buenos y malos. Gael García Bernal borda, como en casi todas sus películas, un papel que le viene como anillo al dedo, un papel áspero y duro, se convierte en el lobo del propio hombre -ya lo dijo T. Hobbes- ayudado por un hombre que ya era ciego antes de la epidemia. Aprovecha la situación para proclamarse el rey, el rey de un mundo desgobernado y que aprovecha para someter al resto de enfermos a sus más despiadados deseos.

Una cosas es cierta, las imágenes de Meirelles reflejan gran parte de la obra de Saramago, pero es mucho menos descriptiva. En escenas duras y fuertes Meirelles logra disipar las palabras que Saramago construye para mostrar la crueldad del hombre, además las imágenes se quedan algo cortas respecto a lo escatológico de la obra del portugués. Por poner algún pero, diría que el narrador que aparece dos veces en el film bajo la voz de Danny Glover, el único ciego que está más cómodo con la enfermedad que como vivía antes, no viene al caso. No está justificado que exista esta voz en off. La narración ya se va sosteniendo por medio de los propios personajes y esta voz resulta más un intento por insertar frases reales del texto que otra cosa.

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Poco más se puede decir de A ciegas, por momentos imágenes brillantes rebosan en la pantalla recordando muchas de ellas a películas de muertos vivientes que deambulan por la ciudad; contraluces soberbios que disparan la personalidad de la película o planos descriptivos que golpean con fuerza al espectador. Sentirás odio, estrés, agobio, visceralidad, rencor, arrepentimiento, sacrificio, todo aquello que el hombre intenta muchas veces evitar, Meirellles consigue que lo sientas. La obra quiere que el espectador sea protagonista, sea el personaje que prefiera, recordando que el mundo es tan cruel como los propios personajes de la historia. Para esto ninguno tiene nombre, son gente impersonal porque podrías ser tu, porque podría ser el propio mundo donde nos movemos, porque cuando el hombre se ve acorralado y al borde del abismo aflora lo instintivo, aquello que movió al ser humano en el principio de los tiempos.

Tanto para aquellos que hayan leído la novela, como para los que no, el film no te dejará indiferente, te gustará más o menos pero provocará sensaciones, muchas, que es lo que pretende y si consigue un poco de reflexión se sentirá satisfecho. Meirelles vuelve a sorprender con un film grande con una película impactante y personal. A pesar de ser una adaptación, A ciegas se recordará por ser un film de Fernando Meirelles y no una mera adaptación de Ensayo sobre la ceguera.

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