28 noviembre 2016 Aventura, Críticas, Fantasía

Animales fantásticos y dónde encontrarlos Eddie Redmayne

Desempolven sus escobas, vuelvan a servir la cena con un toque de varita. Dejen atrás su vida muggle no-maj. El mundo mágico ideado por la escritora británica J.K. Rowling regresa a las pantallas con Animales fantásticos y dónde encontrarlos para alborozo de los amantes de las aventuras de Harry, Hermione y Ron. O eso nos dijeron. Nuestro gozo en un pozo (mágico).

Tras una introducción de excesiva extensión conocemos a Newt Scamander, un magizoologo llegado a Nueva York en 1926. Varias criaturas fantásticas escapan de la maleta encantada en que las transporta y amenazan con sembrar el caos en la capital, desvelando así la existencia de la magia a los legos. Lo dicho comparte escenario -poco más- con otra trama: los aurores del M.A.C.U.S.A. (el Ministerio de Magia de Estados Unidos) investigan una serie de acontecimientos paranormales. ¿Hay una temible bestia mágica rondando Central Park?

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Ambas caras de la moneda comparten escasa relación entre sí. La primera pretende excusar el desfile de notorios efectos visuales sin conducir a término alguno. Junto a un tímido mensaje animalista lanzado al aire nos presentan un elenco de seres variopintos y resultones. Venderán muchos peluches del simpático escarbato.

El guión escrito por la propia J.K. Rowling adolece de múltiples incoherencias lógicas que empobrecen el producto final. Se reproducen los frentes abiertos y no resueltos; y peor aún, no hallamos visos de que vayan a cerrarse en la siguiente entrega de la nueva saga. El propio espectador debe realizar un trabajo imaginativo para dar explicación formal a los sucesos narrados por exigencia del guión pero sin un desarrollo detrás.

Por momentos tediosa, Animales fantásticos y dónde encontrarlos se aleja de la esencia de las novelas originales. Pierde el relato enternecedor, la ensoñación onírica que sobrevuela la prosa primera de Rowling. El cambio de época y lugar no ayuda a mantener las cualidades de exponente de la cultura británica actual que supone Harry Potter.

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O quizá hemos madurado durante estos años. En cambio no se nos puede achacar a nosotros el despliegue de tópicos del peor cine de masas de este siglo en la película. David Yates recobra su ánimo destructor de la segunda parte de Las reliquias de la muerte. ¿Tanto ha influido el cine de superhéroes?

Por otro lado la sub-trama amorosa no mantiene razón alguna para existir. Incrustada con burdo tino, apela al agrado del espectador menos exigente. Escenas conformistas mil veces grabadas con anterioridad inflan un metraje con fragmentos sobrantes, faltos de atractivo. El desenlace descafeinado cierra una película con tintes mediocres y falta de grandeza.

En el apartado interpretativo destaca con luz propia la notable actuación de Eddie Redmayne. Su Newt Scamander se aleja de la pose de héroe chulesco y decidido en beneficio de horizontes amplios y profundidades. El virtuoso ganador de un premio Oscar tiene visos para alcanzar la cima. Por contra Katherine Waterston ve perjudicado su contenido trabajo por un co-protagonismo con calzador, cojeante y mal traído.

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En cuanto a papeles secundarios destacamos la labor de Dan Fogler en su rol de no-maj de perenne asombro y buen corazón. Su mimetización como compañero gracioso permite el éxito de muchas de las bromas que salpican la película. Sin bien Alison Sudol aprueba con peculiar animosidad, su rubia atractiva tópica dedica las dos horas y algo a buscar en vano un trasfondo o siquiera una razón de peso para aparecer en escena. Colin Farrell por su parte se sobrepone al tratamiento plano y al desarrollo previsible de un personaje que desvela sus cartas con demasiada anticipación.

Animales fantásticos y dónde encontrarlos pierde bagaje por el camino. Apuesta con decisión por los efectos especiales en un mercado saturado de ellos y reserva hueco a diálogos y sucesos típicos en la gran pantalla de hoy. Su aversión al riesgo le pasa factura cuando la ruleta gira. A poco que acudamos a la sala con ciertas expectativas y algo de sentido crítico los agujeros crecerán hasta derribar el castillo de naipes. Guardaremos las escobas para otra ocasión.

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