24 marzo 2016 Animación, Comedia, Drama, Opinión, Romántica

Anomalisa

Pocas historias pueden presumir de penetrar en lo profundo del alma humana e instalarse allí con los muebles de la emoción y la verdad. Charlie Kaufman -responsable de guión de Cómo ser John Malkovich u ¡Olvídate de mí!– y Duke Johnson lo han logrado con la joya del cine contemporáneo Anomalisa.

Un caballero afamado por sus libros de autoayuda vive su mediana edad entre la apatía, el desengaño y la frustración. Su mundo gris le ahoga hasta que una voz le atrapa. Obsesionado por Lisa, no cejará en su empeño de cautivarla para compartir la felicidad prometida junto a ella. Pero los pozos humanos nacen profundos e inhóspitos.

Anomalisa

No deja de apabullarme que una de las películas más humanas y emotivas que he visto en los últimos meses quede interpretadas por muñecos animados en stop-motion. Con gestos y movimientos logradísimos -no sólo por realismo, también en lo simbólico y comunicativo- por parte de los personajes y un espléndido diseño de escenarios, el trabajazo necesario para crear Anomalisa merece por sí solo el visionado.

Pese a lo a priori banal de la historia desconcierta de principio a fin. Toda la cinta rebosa de una rabiosa inteligencia. Anomalisa supone una certera reflexión sobre la vida y su inasible sentido ulterior, sobre el amor y sus barrotes, sobre nuestros terrores más oscuros, ladinos y arraigados. Sobre las soledad más cierta y atroz; la soledad que se sufre entre multitudes, sobre las contradicciones de un mundo que se empeña en derrumbarse sin principios ni esperanzas a lomos de Uróboros.

Anomalisa

La aterrada y soñolienta identidad del ciudadano occidental frente a su espejo de Dorian Gray. ¿Romanticismo, drama, comedia, ensayo filosófico?¿Quién se atrevería a distinguirlos en Anomalisa? Todo ello y más se entremezcla en una rara avis del cine en nuestros días.

Con escenas memorables en su haber, la cinta dedicada a un público exclusivamente adulto (no se confundan nunca; animación no implica target pueril) resulta en último término extraña en el mejor de los sentidos. Una delicia para el entendimiento y el conocimiento propio.

Porque la gloria de Anomalisa estriba en que habla sobre usted y para usted. Directamente, sin cortapisas, de la pantalla a su intimidad. Peter Debruge para Variety califica la película de “pequeño milagro a muchos niveles”, “obra maestra” afirma Peter Travers para Rolling Stone (y lo suscribe Luís Martínez para nuestro El Mundo). “Maravillosamente diferente” apunta Kyle Smith para The New York Times.

Anomalisa

Todos ellos tienen razón. Supone un deber intelectual disfrutar de Anomalisa. Si en la ceremonia de entrega de los Oscar de 2016 la ganadora en la categoría de Mejor largometraje de animación fue Del revés, no se lo tengan el cuenta. El dinero no entiende de arte.

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