31 marzo 2009 Opinión

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Hacía bastante que quería comentar en una breve reseña esta gran película, con motivo de mi segundo visionado, comentaré un poco por en cima, la que es para mi uno de los mejores títulos del año pasado, con permiso de El Caballero Oscuro.

Con una trama algo compleja, sus creadores la compensan con mayor estilo y complejidad de forma. Al verla me quedé con la sensación de haber visto un clásico, pero con aire moderno y mucha originalidad. Es de esas películas que puedes admirar aunque no la disfrutes. Además tiene una conjunción que se da poco en estos días de cine mediocre, una gran dirección con grandes actuaciones, casi nada.

La ‘culpa’ de todo esto es del maestro, del genial Sidney Lumet, no quiero extenderme mucho porque podría hablar mucho sobre él, le conocí por su Tarde de Perros, protagonizada por un joven Al Pacino. Bajo su mando han desfilado los grandes de Hollywood como Marlon Brando, Katharine Hepburn, Sean Connery, Paul Newman, Dustin Hoffman y muchos otros.

Ahora en plena forma con 84 años y con actores jóvenes y prometedores presenta lo mejor que se ha visto en este 2008, difícil será superarlo. Cuando se pensaba que Quentin Tarantino o James Gray  son emblemas del futuro del cine, aquí tenemos a Sidney para demostrar que aun puede dar mucha guerra. Siempre me atrajo de él ese estilo claustrofóbico que envuelve su trabajo desde el primer fotograma.

Un argumento original, donde los homenajes genéricos brillan por su ausencia, me da regusto al cine negro que desnudaba el alma de cada personaje ante la cámara. Me recuerda a Tarde de Perros, pues tensa la cuerda dramática mostrando la autodestrucción de sus dos protagonistas. Fantástico el debut de Kelly Masterson con este guión, si sigue así llegará muy alto, aunque lógicamente se nota la mano de Lumet.

Del montaje solo puedo decir que es más que magnífico, los saltos temporales se usan de una forma como hacía muchísimo tiempo que no veía. Un montaje muy ágil y cuidado, y una fotografía ideal.

Ethan Hawke no destaca en exceso en comparación con las grandes actuaciones de Hoffman y Finney, pero cubre un papel muy creíble. Seymour Hoffman simplemente sobrecogedor. Marisa Tomei nunca fue más atractiva y Finney pocas veces tuvo tanta fuerza. Incluso el resto de personajes menos importantes cumple su papel a la perfección, en este puzle negruzco que nos demuestra, qué es capaz de hacer ese demonio que llevamos dentro.

Y si se podía buscar algún defecto, yo no lo encontré. El ritmo es alto durante todo el desarrollo y el final solo hace poner el colofón, sin duda lo mejor que he visto en mucho tiempo. Muchas gracias señor Lumet.

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  1. Bitacoras.com 31 marzo 2009

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