25 noviembre 2008 Críticas, Especiales, Western

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Tal y como comienza la descripción de Everett Hitch y su rifle del calibre 8, presente en toda la historia, Appaloosa presenta una historia convincente y apasionante, digna de un calibre número 8. Con un estilo personal y sobrio, Ed Harris ha colocado su cinta como una de las películas del año.

Desde la secuencia de apertura en la que presenta al villano de la historia, Randall Bragg perfectamente encarnado por un sospechosamente delgado Jeremy Irons, Viggo Mortensen coge las riendas como narrador de la historia, aunque hasta el final no volverá a escucharse como voz narrativa, su presencia es constante en el relato. Bajo la mirada de Everett Hitch, Appaloosa se mueve entre el western clásico y el drama. Harris a querido desmarcarse de los cánones usuales del género y poder quitarse las cadenas que usualmente se unen a historias de este tipo. Mediante conversaciones claras y concisas, la relación entre los dos personajes principales de la historia se ve alterada con la llegada al pueblo que precisa sus servicios y seguidamente por la astuta Allison French (Renée Zellweger). El director a querido hacer un western sin serlo necesariamente y aportar otros códigos más propios de historias dramáticas. Esto le permite abordar su relato con libertad y en la que su mayor interés nace de elementos ajenos al western.

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La pareja protagonista son requeridos en Appaloosa para intentar imponer la ley sobre habitantes como Randall Bragg. Estos mantendrán la ley imponiendo la suya, un serio y conciso Harris adopta el roll de escrupuloso hombre de la justicia custodiado por Everet Hitch, más que un amigo, todo un confidente y culto compañero. Sólo le valen unos minutos para hacerse respetar, hasta la llegada de Allison. El personaje de Renée Zellweger es el punto de inflexión de la historia. Esta, a pesar de parecer indefensa, sabe apañárselas por si sola y buscará cualquier manera de mantenerse cercana al hombre importante del pueblo.

Tras una primera parte de película en la que la relación entre Hitch y Virgil Cole, se va deteriorando a causa de la relación de Cole con la señorita French los personajes van variando de pensamiento. El caso más claro se produce con Randall que pasará de ser odiado a ser importante para el pueblo, la más que ancestral visión del dinero como causa subyacente. Randal se convierte, tras ser puesto en libertad, en el hombre admirado por los mismos que precisaron del trabajo de Hitch y Cole para detenerlo. Un apunte cínico e irónico de la propia sociedad en que vivimos. En esta parte de la historia la relación entre los dos pistoleros es algo tirante, aunque sigue siendo férrea, Hitch comienza a darse cuenta de que su presencia comienza a ser inoportuna, dado la posible caída como sheriff de Cole, y el posible matrimonio de este con Allison. Al mismo tiempo la relación entre Allison y Randal se hace más visible. Hitch comienza su viaje hacía la liberación, sabe que su amigo ya no lo necesita pero que también debe de hacer algo por él antes de marchar.

El escrupuloso tratamiento de la imagen hace que cada plano tenga sentido como tal, y que se compacte en un conjunto sólido y sin fisuras. Un magnifico viaje sobre la amistad, y el ser humano, incluso si nos ponemos precisos Appaloosa introduce reflexiones más profundas como la fuerza y la violencia, el peso de la ley y los caminos para llegar hasta ella, legales o no, o se permite hacer un ejercicio para referirse sobre acciones bélica recientes. Un viaje placentero por el corazón de hombres aparentemente duros, corazones fríos, tal y como comentan en una de las frases entre los dos amigos. Todo es cuidado, hasta la música que puede resultar descompasada por momentos, pero imprime a la historia un aire cómico, por otra parte siempre presente en el film, la banda sonora se aparta de los cánones propios del género, pero resulta perfecta en sinfonía con las imágenes.

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Appaloosa se presenta como un épico relato sobre las relaciones entre personajes caóticos, que varían según recorren su camino. Habla del comienzo de nuevas historias y el final de otras, de la necesidad del hombre de hacer respetar la ley y sentirse querido en su comunidad. De los intereses de unos y otros, y sobre todo habla de western, descrito de manera artesanal, sin demasiadas acciones violentas, sólo las necesarias para imprimir el ritmo preciso a la narración.

Sin duda alguna Ed Harris se hace esperar cuando se pone tras la cámara pero merece la pena, un trabajo duro y preciso, un homenaje al género y a la vez una descripción de la vida actual, bajo la excusa de hombres forjados en la violencia que esconden que sus balas son minuciosamente seleccionadas, como las películas de Harris.

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