8 enero 2009 Críticas, Drama, Opinión

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Australia se presentó en España, y en el resto del mundo, como una de las películas candidatas a los próximos premios Oscar. Tras ver la obra del australiano Baz Luhrmann hay que pensar si de verdad esta película debe tener alguna poción en los próximos festivales.

El director australiano se ha caracterizado en toda su obra por mantener un tipo de estética, y un tipo de hacer cine, una personalidad propia. Tras Romeo y Julieta y Moulin Rouge la expectación era mucha por ver como se defendía fuera del musical, aunque la historia en sí sea parecida en sus tres películas más conocidas. Australia no deja de ser un drama al más puro estilo Baz Luhrmann; una historia de amor bajo un fondo histórico y con dos personajes modélicos -sobre todo por su belleza, tónica común en todas sus películas-. Movimientos de cámara muy rápidos, panorámicas de vértigo y primeros planos exhaustivos, además de una sobreactuación de la mayoría de sus personajes. Esto es Australia, al igual que lo fue Moulin Rouge y antes, Romeo y Julieta, discursos que el director maneja a la perfección.

Centrándonos en Australia, el film parte de manera trepidante, y nada mejor que darle la narración de la historia a un niño indígena para que el tono sea más moderno y a la vez se presiente un trágico transcurso en el devenir de los hechos. Partiendo de los maravillosos paisajes que un país como Australia puede dar, los personajes se presentan rápidamente, incluso el villano del film -típico del director, te presenta al malo en los primeros minutos-. Una vez que está todo posicionado el viaje que emprenden los personajes es cada vez más épico, caminando entre el drama, la aventura, la comedia y todo tipo de géneros mezclados entre si. Con una estética muy marcada, Australia es una historia épica postmoderna, con el problema de que falta historia que contar.

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Una película no sé puede sostener en sus actores principales y en venderla como la nueva “Paciente Inglés” o creerse el nuevo David Lean en tierras exóticas. Un ejercicio lleno de artificio, a veces con momentos estelares -la avalancha del ganado ante el precipicio-, y a veces con momentos irritantes -el bombardeo de Darwin en 1942 se recrea de manera sospechosamente parecida a como lo hizo Michael Bay en Pearl Harbor. Esto hace que Australia sea una película interesante de ver, pero sin mucho que aportar.

El guión es bastante flojo, copia a una serie de películas sin ningún tipo de pudor. Los mismos personajes son mezcla de varios ya vistos. La guapísima Nicole Kidman emprende un viaje hacia tierras australianas y descubrir entre la tierra no civilizada su verdadera existencia y enamorarse del “gañan” de turno. Este apuesto “garrulo” es Drover, interpretado por Hugh Jackman, que oscila entre Cocodrilo Dundee guapo y apuesto y el sin nombre de Por un puñado de dolares. Y finalmente el personaje que le da el aire legendario y que intenta presentar una verdadera incursión a la generación perdida, es Nullah, interpretado por Brandon Walters. Nada más lejos de la realidad, tan solo se convierten en clichés de otras películas, sin profundizar en el escabroso tema que supuso la generación perdida.

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Como digo no solo un paisaje exótico, actores guapos o una historia de amor épica puede sostener una película, hace falta algo más. Australia no lo tiene, se queda en el camino, lo intenta, y no quiero decir que no la recomiende, porque si que la recomiendo; por su fotografía, su humor, su primera hora bastante entretenida y porque Baz Luhrmann siempre intenta algo, pero le falta contenido, le falta una relación creíble entre los protagonistas, le falta que si verdaderamente quiere denunciar la generación perdida entre en el tema de manera real, y sobre todo le sobra el engaño, el típico artificio para que el espectador se mantenga en vilo durante toda la trama pero que no deja de ser una manera fácil de enganchar, irritante y de principiantes.

Australia un producto generado para ver algo que uno no encuentra, pero hace algo muy bien: que pasen dos horas y media sin que te des cuenta, algo que no todas las películas de similar duración pueden decir.

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