6 octubre 2008 Acción, Ciencia-Ficción, Críticas

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La película comienza con un espectacular traveling óptico que, por ser demasiado habitual, ya no consigue impactar como antaño.

El director tiene prisa por introducirnos en la acción y ya dentro de los títulos de crédito se nos hace una loable presentación del personaje, que por momentos, y salvando las distancias, me recordó levemente al comienzo de “Mayor Dundee” del colosal Peckinpah.

Los diez primeros minutos son trepidantes y enseguida me hicieron comprobar, con cierto alivio, que estaba ante un film de estructura visual clásica sin ambigüedades ni experimentos fílmicos.

Lo malo es que también dejan al descubierto el principal talón de Aquiles de la película; unos diálogos calcados de mil cintas similares, desfile de tópicos sin fin; en concreto hay un comentario sobre el cambio climático que es antológico.

He de confesar que ahora, cuando miro la película en su conjunto, he llegado a perdonar un poco ese defecto; era plenamente consciente de que tipo de situaciones me iba a encontrar y la historia además tiene la virtud de no engañar.

Vin diesel tiene muy buena presencia cinematográfica, trabaja sin aspavientos, de forma natural y borda el tipo cínico y descreído que tan bien representaba Bogart; le he encontrado además una faceta muy interesante como actor: da confianza y atempera el relato.

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Se nota la escuela francesa en la escenografía; la puesta en escena es sensacional, la localización de exteriores (por la que ya destacó el director en su anterior film “Los ríos de color púrpura”) es espectacular y evocadora.

Hay una presentación de una ciudad mugrienta que es magistral; estoy plenamente convencido de que el guión técnico ha sido dibujado hasta el más mínimo detalle, pues este arduo trabajo se refleja en la pantalla.

El encuentro con la protagonista, una bella Melaine Thierry, tiene un logrado aura de misterio que solo estropean, como en casi todo el Film, unos diálogos delirantes.

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Dado el perfil mesiánico de la chica no pude evitar remontarme a “El quinto elemento” de Luc Besson, pero lo descarté enseguida; de todas formas podéis estar tranquilos porque no se exprime en absoluto la deriva espiritual de la trama.

Los efectos especiales, extrañamente escasos, están muy conseguidos; la película es muy entretenida y no da tregua; las escenas de acción están bien coreografiadas y son eficaces sin tener que recurrir a los excesos de Films como Matrix, esto hace que el tono general del film suela ser realista.

Hay un aspecto muy bien logrado en el terreno de la ambientación, hay momentos en los que da la impresión de estar siendo testigos de una sensación onírica.

Recomiendo un par de escenas de la película realmente conseguidas; en la primera aparece un helicóptero y me dejó gratamente impactado, es sumamente original, la segunda trascurre en un submarino y es realmente emotiva aunque culmina en un plano que bordea lo ridículo.

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En uno de los escasos momentos de respiro en la trama el director Mathieu Kassovitz recurre al trillado, pero eficaz, recurso de tomarse un tiempo para explicarnos la acción de una forma reposada; esto está actualmente en desuso y eso provoca que a veces acudamos a penosos espectáculos de confusión.

Es una pena que estemos esperando el desenlace con intriga y nos decepcione un monumental error de principiante del director, que adelanta en exceso el extraordinario clímax final, para dejarnos después un tiempo muerto de diez minutos; cargados de vacua filosofía, que solo sirven para dar paso a un correcto pero algo precipitado final.

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