20 enero 2011 Comedia, Críticas, Noticias

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Dice el sabio refranero popular español que “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, frase que debería haberse escrito con sangre la directora catalana Elena Trapé, quien hizo con Blog su decepcionante debut a lo grande en el pasado Festival de Cine de San Sebastián. Debajo del modernismo de la cámara en mano, el relato circular y demás técnicas narrativas del mundo de la tecnología como la webcam (que comienzan además a estar demasiado vistas), la película intenta transformar este relato en algo que de otra manera no hubiese sido más que un Física o Química del montón, dirigido a un target específico y sumergido en situaciones forzadas que harán sonrojarse a todo el que pase de los dieciséis.

Nacida gracias a la producción de la exitosa descubridora de talentos Escándalo Films, la cinta llega para intentar hacerse el agosto en las salas, llenándolas de jovencitas hormonadas, responsables de dar las únicas alegrías a la taquilla ñ últimamente. Su argumento gira en torno a un grupo de quinceañeras unidas para tramar un plan que les diferencie del resto de la humanidad (o eso dicen), y de paso llevarse un chico-trofeo por delante.

Si además el espectador se encuentra entre los miembros del homo inferior -o sexo masculino- es posible que acabe el relato sintiéndote sumamente ofendido, no por los comentarios de las chavalas, ni por el claro enfoque femenino del film (que es hasta refrescante). Sino por descubrir con asombro que la simpleza del guión nos dibuja con los tópicos habituales, como esclavos sexuales de las mujeres, sin conciencia ni sentimientos, que con la inteligencia de un zombie se dirige con rectitud a la cama de cualquiera con cierto interés por nuestro órgano reproductor.

Difícil es también cuando perteneces a este grupo sentirte identificado con algunas de estas chicas, reflejo de los aspectos más insoportables de las adolescentes más pedantes, formadas a base de conversaciones tontas y un humor abiertamente inmaduro. La directora comentaba que había contratado a jóvenes no actrices para construir un relato desenfadado y natural, colocándoles una cámara web en sus habitaciones reales y entregándoles unas pocas claves del argumento. Sin embargo, y aunque alguna de las pseudo-intérpretes tenga cierto carisma, la frescura de las protagonistas se torna casi en una especie de narración de reality-show, con la ficción solo apareciendo en momentos claves de la cinta, al principio, en un punto intermedio y al final. El resto del metraje está rellenado por conversaciones y monólogos sin demasiado fundamento con los que las chavalillas se explayan con el objetivo de que su público se sienta identificado mientras el resto de los mortales escucha lo mismo que podría oír en un viaje en metro.

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Por si esto no fuera suficiente para aburrir al espectador con dos dedos de frente, el argumento principal, y la escondida razón por la que las chicas se unen en un pacto que cambiará su mundo, no es ni mucho menos original. Sus ideas están basadas en unos famosos hechos reales adaptados recientemente por varios telefilmes emitidos en las soporíferas tardes de fin de semana de la televisión privada. La directora reconocía sin reparos que fue este polémico hecho que no desvelaremos el que le dio las claves para crear su argumento, haciendo esta conocida historia menos creíble y más exagerada que nunca. Las técnicas modernistas, por su parte, se ahogan en un mar de agujeros de edición. Al final, nadie parece tener muy claro cómo utilizarlos dentro de una lógica estética, saltándose a la torera los cambios de narrador sin sonrojarse.

Englobando sus muchos fallos, al salir de la proyección se tiene la sensación de que el film parece más un proyecto de fin de carrera de una veinteañera estudiante de cine, junto a sus amigas con ínfulas interpretativas, que una obra camino a las salas comerciales y a los festivales, en manos de una directora algo experimentada. Puede hacer buena taquilla, pero, visto los últimos éxitos del box-office español, eso tampoco es demasiado decir.

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  1. Bitacoras.com 20 enero 2011

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