3 febrero 2016 Drama, Opinión

A cambio de nada

En mayo de 2015 vio la luz A cambio de nada, primera incursión del actor Daniel Guzmán en labores directivas. La película ha regresado a primera línea gracias a sus seis nominaciones a los premios Goya de la Academia de Cine española.

Mejor película, Mejor actor de reparto (Felipe Vélez), Mejor director novel, Mejor actor revelación (Miguel Herrán), Mejor actriz revelación (Antonia Guzmán) y Mejor guión original. Este sábado 6 de febrero conoceremos los ganadores de los premios Goya y, por tanto, cuántas estatuillas recibe la aproximación de Daniel Guzmán.

A cambio de nada

A cambio de nada supone una cinta que cae con relativa frecuencia en escenas tópicas, situaciones manidas y desenlaces previsibles. La narración bebe de afluentes diversos en cuanto a hilos argumentales, insuflando vida a un trabajo que de otro modo perdería arte y desenvoltura.

El espectador disfruta de aristas interesantes en momentos concretos, siendo los menos. La historia nos centra en la vida de Darío, un adolescente con tendencias a la delincuencia y el vandalismo. Criado en un entorno familiar conflictivo y con cero esfuerzo por sacar adelante sus estudios de secundaria, el protagonista descargará su rabia contra el mundo en forma de hurtos y dosis de chulería.

A cambio de nada

A cambio de nada alimenta su carácter descriptivo de una sociedad real, el mundo al otro lado de la calle. Que nadie espere una moraleja evidente hacia su parte final: la vida no es un cuento. Los diálogos abusan de improperios y vulgarismos para reflejar ambientes juveniles. Si bien este punto no resulta del todo artificial, tampoco fluye con la naturalidad esperada. Se recrea sin ocultar todos los engranajes, pero el sistema funciona.

Se agradece que -contra muchas referencias actuales en el cine español- el conjunto no suponga una enmienda a la totalidad de la crisis y sus consecuencias sociales. La cuestión social existe, pero se ve diluida en varios frentes: rol de los progenitores en la educación y protección de los menores, mecanismos de inserción educativa fallidos, los entornos de marginalidad y exclusión a los que se enfrentan muchos jóvenes en nuestro país o el vandalismo como síntoma de una forma de encarar la vida y el futuro, etc. El empobrecimiento de parte de la población y el aumento de las desigualdades económicas ha agravado un problema ya existente, interpretamos de la cinta.

A cambio de nada

Miguel Herrán cumple con nota su papel de chico conflictivo, no lleva al extremo sus cualidades ni empuja sus escenas a la caricatura. Todos reímos alguna vez. Antonio Bachiller correcto, sin robar protagonismo a Herrán. Luis Tosar marca su línea ruda habitual, nada sorprendente. Grita, respira y desaparece. Mejor las expresiones de María Miguel como la madre de Darío. Dan ganas de no dejarse las lentejas en el plato.

La abuela del director, Antonia Guzmán, nada en su salsa. Nominada en los Goya, soy incapaz de adivinar cuánto de ella hay en el personaje de la película, y cuánto es impostado. En cualquier caso, loable trabajo de una ‘Carmina’ dulce, crédula y admirable. Mención especial para Felipe Vélez, vividor mecánico amante de la buena música, el embuste y el drama. Más que creíble, agradecemos su nominación.

A cambio de nada

En conjunto A cambio de nada funciona bien pese a sus taras. Daniel Guzmán firma un debut prometedor que puede llevarle lejos como realizador si pule su arte tras la cámara un tanto. Podemos ‘verle’ además en la plasmación de gustos musicales, con el Ellos dicen mierda de La Polla Records en los títulos de crédito, o apelaciones visuales a grupos como Extremoduro o Rage Against the Machine. Estupendo como primera referencia, queda claro.

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