6 marzo 2017 Comedia, Críticas, Documental

Capturar (las 1001 novias)

En la pareja y el cine lo sencillo resulta complicado y lo complicado se torna casi imposible. Quizá por ello el realizador español Fernando Merinero ha decidido aunar ambos ámbitos en su nueva película, estrenada el pasado viernes 3 de marzo, Capturar (las 1001 novias).

La premisa inicial se centra en el propio autor de la obra, quien decide tender una trampa a la protagonista de su primera película, Magaly Santana. Para ello trata de convencer a una de sus ex-novias y ex-actrices para que acuda a Canarias con la excusa de realizar un documental sobre la vida del propio Merinero… y dejarle así en evidencia. El juego consiste en engañar a Santana, a quien se presenta como ama de la ambigüedad, a modo de venganza. Pero ninguna de las mujeres parece convencer al artista para el encargo.

El director de Un millón de amigos (2006) o La novia de Lázaro (2002) firma ahora desde el salón de su casa un falso documental de tintes cómicos. Hora y media con el diálogo como elemento fundamental en la narración, un “selfie cinematográfico” -en palabras del propio Merinero- bien traído.

Capturar (las 1001 novias)

Cabe destacar la naturalidad que rebosa el metraje. Aunque el espectador conozca que los elementos en pantalla han sido preparados con antelación, resulta encomiable la puesta en escena, tan fluida que parece que nos encontremos nosotros también sentado en el sillón junto a los protagonistas.

El conjunto se compone de un juego de líos, malentendidos y engaños que termina atrapando a quien mira. Se echa mano de un humor sutil y liviano. No se nos lanza a la cara como en las comedias españolas que se estilan en las últimas dos décadas, sino que subyace los hechos, se intuye al fondo del vaso para mérito del realizador.

También resulta cierto que en ocasiones a Merinero se le ven los hilos, por momentos la película cae, se deshace para rearmarse un poco más adelante. Algunas merecen visionado por sí mismas mientras que otras bien podrían etiquetarse de ‘prescindibles’ o con peor cabida. Quizá por ello una de las sensaciones finales redunda en “a esto le sobran minutos“.

Capturar (las 1001 novias)

En Capturar (las 1001 novias) se dibujan las dudas inevitables en el proceso de creación de un producto cultural -en especial una película independiente-. Lo que de ‘selfie’ tenga no podemos dictaminarlo, si bien el posible resultado egocéntrico se disuelve en matices superiores: si bien Fernando Merinero centra la historia, parece tener a todas sus actrices comiendo de su mano y no duda en vacilarles o en presumir de su potencia sexual, lo que de verdad haya en todo esto queda en entredicho por la configuración artística y de broma-mentira de la película.

La cinta nos impele a seguir de cerca el juego de vanidades y falacias con alguna escena hilarante dentro del lío bien montado. Entretenido y arriesgado ejercicio. En su recta final pierde el fuelle inicial y por instantes se pierde en vaguedades inconclusas.

En definitiva Capturar (las 1001 novias) redunda en una idea notable puesta en práctica de forma desigual entre sus apartados. Su resultado, si bien parece mejorable, sí aporta dosis de frescura y originalidad, arranca sonrisas fugaces y capta la atención del espectador menos prejuicioso.

Capturar (las 1001 novias)

Las actuaciones, en especial las femeninas, lucen sentidas, muy naturales y realistas. En esencia es por ello que Capturar (las 1001 novias) no cae al vacío de lo olvidable. Merinero debe mostrarse muy agradecido con sus musas.

El buen juego de cámaras cambiantes en posición y calidad de grabación ayuda a crear una dimensión de variedad que por otro lado no hallaríamos. Aspectos de la post-producción pueden mejorarse (esos títulos de apertura y cierre…). Capturar (las 1001 novias) funciona solo entendida como falso documental, como broma -pesada o no-, comedia de bajo coste entretenida en último término.

También te puede interesar

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *