22 abril 2012 Especiales, Opinión, Terror

Cuándo se empezó a hablar de Detrás de las paredes recuerdo que se decía algo así como que era un proyecto de Jim Sheridan para reinventar el cine de terror. Aunque el otrora aclamado director de Mi pie izquierdo o En el nombre del padre no parecía estar en su mejor forma firmando películas menores y alejadas de estos grande títulos, era de esperar un buen producto de terror, al menos elegante e inteligente. Más si cabe si junto al nombre del director se suman los de tres buenos actores como Daniel Craig, Rachel Weisz y la siempre agradable presencia de Naomi Watts.

Con todos estos datos el cinéfilo despistado que encuentre en su video-club Detrás de las paredes podría caer en el error de alquilarla esperando disfrutar de una buena velada de cine de terror de calidad en su casa. Lamentablemente la película es un absoluto desastre sin pies ni cabeza. Su corta carrera en taquilla y su vapuleo unánime de la crítica quedan totalmente justificados cuándo uno termina de ver la cinta. Con una recaudación paupérrima de 34 millones por los cincuenta que costó—todavía merecía algo peor—Detrás de las paredes se inscribe en la nómina reciente de insignes fracasos.

La cosa empezó mal cuándo con la película terminada y lista para su estreno el propio Jim Sheridan acudió al Gremio de Directores de Estados Unidos solicitando que retiraran su nombre de los créditos de la película. La solicitud no fue aceptada por llegar demasiado tarde pero desveló las muchas tensiones del rodaje. Resulta que Sheridan tuvo sus más y sus menos tanto con los guionista como con la productora Morgan Creek. Se dice que Sheridan no estaba de acuerdo con el guión y fue improvisando sobre la marcha, cosa que queda reflejada en el pobre resultado final. Para terminar de rematar la cosa, viendo la fría acogida del público en algunos pases previos, la cinta sufrió nuevos recortes y escenas añadidas a última hora.

El público, aunque muchos estén convencidos de lo contrario, no es tonto. Detrás de las paredes es un disparate que pretende ser El resplandor y se convierte en una suerte de Ghost de sobremesa. La película comienza como una clásica historia de casa encantada, pero los falsos sustos y un suspense que no engancha a nadie comienzan a provocar los primeros bostezos. En ese momento hay un temprano giro argumental que parece sumergirnos de pronto en el Thriller psicológico. Uno piensa que no es lo que le han prometido pero que quizá la película remonte por ese camino.

Sin embargo todo queda de nuevo en agua de borrajas y la película se va aproximando a un final que se adivina precipitado e improvisado y que roza el ridículo. Lo único rescatable es la actuación de los tres intérpretes principales, no precisamente por brillante, sino por el sentido de la profesionalidad que demuestran al tratar dignamente de sostener unos personajes tan planos como risibles. En resumen, una película olvidable que se ganó a pulso ser carne de video-club. Si existiera un poco de caridad humana el gremio de directores debería haber aceptado la petición de Sheridan y dejar que la película la firmara Alan Smithee. Aunque pensándolo bien, que el director irlandés apechugue con lo que ha perpetrado.

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  1. Bitacoras.com 22 abril 2012

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