
El éxito y la relevancia cultural que ha alcanzado el fenómeno The Artist ha vuelto a sacar a la palestra una de las más antiguas discusiones de la historia del cine, una que creíamos extinta: el mudo contra el sonoro (esos famosos talkies que dan más de un dolor de cabeza al protagonista del film). Esta comedia romántica, tan cautivadora, comercial y asequible (para bien y para mal) como cualquiera de las mejores obras del género, no es en blanco y negro y muda por una mera cuestión estética, sino que destila historia del cine auto-referencial por todos sus poros. The Artist se enfrenta a lo establecido, mientras que lo abraza y mantiene la pauta marcada por los pioneros sin necesidad de mayores artificios modernos.
El director Michel Hazanavicius ha logrado conjurar con buen pulso un homenaje a Hollywood desde Francia, y, de paso, ser la clara favorita en la carrera de premios. Teniendo en cuenta que Wings es la única cinta muda en hacerse con el Oscar a Mejor Película (y eso fue en la primera ceremonia de la Academia, cuando el silencio ya daba sus últimos coletazos) y que, además, ‘El artista’ va camino de superar los 30 millones de euros en su acumulado mundial, la película está preparada para hacer historia, precisamente en una temporada en la que las películas sobre el pasado de la meca del cine están de moda. Pero el parisino no es el primer cineasta que ha luchado por el cine mudo, buceando en su historia y rendido ante su contenido. Desde la época de transición de Chaplin hasta La última locura de Mel Brooks, pasando, por supuesto, por Cantando bajo la lluvia y El Crepúsculo de los Dioses, el cine mudo ha sido revindicado desde que la industria lo enterrara sin piedad y en un tiempo récord. Leer más








