22 marzo 2012 Noticias, Opinión

El cine español se encuentra casi paralizado a la espera de que el nuevo gobierno mueva ficha y diga de una vez cuál será la nueva legislación sobre la que regirse. Sin saber nada sobre subvenciones, ayudas o desgravaciones nadie se atreve a dar un paso y menos con la que está cayendo. Hasta que no se aprueben los presupuestos generales del estado y se sepa cuales son las reglas del juego no se despejaran las nubes.

También será importante saber quien presidirá RTVE y cuánto estará dispuesto el ente público a aportar en inversión al cine, una inversión crucial y que en vista de los últimos y drásticos recortes en la cadena se antoja complicada. En el caso de las privadas ocurre tres cuartos de lo mismo, Telecinco, que tan buenos resultados había cosechado con sus producciones, ha dejado de rodar ante la caída en ingresos publicitarios.

Se paralizan rodajes o se retrasa su inicio, directores como Álex de la Iglesia o Daniel Monzón que consiguió un rotundo éxito con Celda 211 se han visto obligados a retrasar el inicio de su próxima película, directores consagrados como Julio Medem o Agustín Díaz Yanes no encuentran financiación para sus proyectos. El panorama es desalentador para nuestro cine que una vez más parece herido de muerte. Por enésima vez, por supuesto.

Yo me pregunto porqué ocurre esto con nuestro cine, porqué con cada cambio de gobierno existe una lucha encarnizada por defender nuestro cine, una parte muy importante de nuestra cultura. Me pregunto porqué en este país hay que pedir perdón y gracias por poder hacer una película, mientras observo como el cine francés pasea los éxitos de The Artist o Intocable sin que nadie se lleve las manos a la cabeza sobre cuánto han costado. De hecho allí se mantiene un indiscutible y eficiente modelo que defiende su cine por encima de cualquier otro desde hace décadas y tras infinidad de gobiernos distintos.

Hay quien se planteará si es necesario subvencionar alguna película en cartel de dudosa calidad, es cierto que existen productos nefastos, pero también los hay franceses y por supuesto estadounidenses, de estos últimos nos tragamos lo que nos echen y entregamos con alegría nuestro dinero para ver bodrios sonrojantes que de ser firmados por algún español indignarían al más pintado. Cinematografía la estadounidense, por cierto, que no cesa de remakear productos españoles o de importar actores y directores allí.

El día en que nosotros mismos, los espectadores de a pie, nos quitemos los prejuicios y dejemos de decir aquello de que el cine español es malo, el día que desde los ministerios de cultura y demás instituciones sepamos vender lo nuestro con orgullo, ese día no hará falta replantearse por enésima vez las ayudas a un cine que es parte de nuestra cultura, patrimonio e identidad.

Vía | Fotogramas, ABC

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