16 noviembre 2009 Críticas, Drama, Estrenos, Noticias, Opinión

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Para finalizar y cerrar nuestra cobertura del Festival Internacional de Jóvenes Realizadores de Granada, que mejor broche que la crítica de la película que cerró el festival, antes de la gala final. Cuando me enteré que el último trabajo del austriaco Michael Haneke se proyectaría en el festival, no podía dar crédito. Estreno en España, y según algunas fuentes del festival, se hizo un trabajo duro para que la cinta estuviese en el certamen. Y como se lo agradezco a todos los que trabajaron para traer la obra de Haneke.

La cinta blanca es una sórdida y fría visión de la relación entre padres e hijos, entre adultos y menores. Con la habitual pausa del director, el señor Haneke nos regala una obra completa, repleta de secuencias magistrales y de diálogos aún mejores. Venía alabada por la crítica y por su Palma de Oro en Cannes, y después de ver la película y algunas que participaron, para mí, más que merecida.

La historia gira entorno a unos inexplicables sucesos acaecidos en una pequeña población protestante de Alemania en 1913. Niños que son secuestrados y torturados, relaciones tormentosas entre entre hombres y mujeres, un granero que arde, y todo relatado bajo la mirada del maestro de la escuela, que poco a poco conocerá una terrible verdad.

La serenidad con la que el director mueve su cámara alrededor de los personajes y los va haciendo participes de una trama difícil y en ocasiones cruel -no pierdan detalle de la conversación de un pequeño con su cuidadora sobre la muerte, reveladora y sorprendente-, es tan dulce y a la vez adecuada que pareces estar dentro de aquella situación. El director sabe lo que hace, y quiere que el espectador entre dentro de un mundo de rabia, violencia, mentira y venganza, además de ser toda un proposición sobre los orígenes del fascismo.

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El estilo visual del austriaco es tan poderoso y sugerente, que se aprecia el trabajo detallado de la trama, de cada una de las escenas y de una magnifica dirección de actores, sobre todo por la cantidad de niños que aparecen. Los castigos y acciones que se van sucediendo, los plantea casi a modo de ritual, como si alguien estuviese detrás de todo para acabar con una terrible venganza. Pero la genialidad del director entra en juego, nadie sabe nada, nada comprende nada y los acontecimientos se siguen sucediendo sin dar un respiró al espectador ni a los propios personajes. El blanco y negro con el que está tratada la película es sencillamente genial, con una fotografía estupenda, una labor que desarrolló el director Christian Berger, habitual en las películas de Michael Haneke.

Lo mejor de Haneke es que se ha influenciado de los grandes como Ingmar Berman -muchas secuencias recuerdan a algún que otro fragmento de obras del sueco- pero ha sabido influenciarse de sí mismo, de adaptarse a su obra, y de degenerar en una violencia más visual e implícita, que explicita como mostraba en La pianista o El vídeo de Benny. Una visión que ya realizaba en Caché, aunque con La cinta blanca complete aún más el aspecto psicológico de los personajes y la sensación de incredulidad de estos.

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El retrato de Haneke de una sociedad loca y en la que fluyen lo peores sentimientos conocidos desde pequeño, se sustenta gracias a actores como Ulrich Tukur, Burghart Klaußner soberbio como pastor del pueblo, Susanne Lothar o Josef Bierbichler, sin olvidar a todos los pequeños actores, que estremecen, mucho más que aquellos que enseñó el director Wolf Rilla primero, y John Carpenter después en El pueblo de los malditos.

Una película dura, y difícil, que sólo alguien de la talla de Haneke podría hacer, y es que el director está cogiendo hueco entre los mejores y se convierte en un referente imprescindible para cualquier amente del buen cine, porque si hay algo que el austriaco tiene entre sus manos es cine.

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  1. Bitacoras.com 16 noviembre 2009

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