17 octubre 2011 Críticas, Drama, Thriller

Lo primero que llama la atención de Contagio es su star-power. Gwyneth Paltrow, Kate Winslet, Jude Law, Matt Damon, Martion Cotillard, Laurence Fishburne, Elliot Gould, Bryan Cranston, Jennifer Ehle… Incluso su director, Steven Soderbergh, es una importante figura mediática gracias a una ecléctica carrera forjada en Erin Brockovich, Traffic, Ché o la trilogía de Ocean’s Eleven. Sin embargo, ninguna de estas estrellas es la protagonista de este drama frío y procedural, y ahí reside tanto su grandeza como su error.

Contagion es la narración fiel y casi documental de como un virus se convierte, paso a paso, en una epidemia mundial. Desde su origen, pasando por su observación en los principales centros de salud y alcanzado la búsqueda final de una vacuna que pueda ser transmitida con cuidado.

Empujado por su interés en el desmedido terror que el brote de Gripe A creó el pasado año, Scott Z. Burns (responsable de la opuesta ¡El Soplón!, también de Soderbergh) deja claro que ha hecho sus deberes, documentándose sobre la sucesión de hechos con certero respeto y cuidado, aún y cuando esto signifique dejar a las personas reales y palpables en un inmerecido segundo plano. El virus se convierte no en un mero ‘MacGuffin‘ que guíe las tramas humanas, sino que es el verdadero protagonista, el que en realidad recibe prioridad en el elenco.

Por suerte, Soderbergh y su constante utilización de primeros planos y de una mezcla cromática realista dan otro nivel al thriller, que logra capturar y agobiar al espectador inmune a esos malditos gérmenes que viajan desde las palmas de las manos hasta nuestra cara y a todas las superficies que rozamos. Objetivo al que ayuda también los inteligentes acompañamientos musicales de Cliff Martinez. No obstante, los personajes no logran producir en la audiencia esa misma empatía necesaria. Fisburne, Law y Damon son los que más dejan ver y, aún así, sus historias siempre parecen tener algo de inacabadas. Se echa en falta un poco más de profundidad.

Fisburne nos lleva a los laboratorios del CDC en Atlanta, punto focal del argumento científico que salpica todas las historias paralelas. Law dibuja un personaje poco habitual en su currículum, un parasitario y pretencioso blogger (con graves problemas éticos y dentales) que refleja el rol del periodismo y la opinión pública en una situación de crisis sanitaria. Una trama de paranoias, estafas y tapaderas que podría haber dado para una película independiente, pero en la que, como en el resto de los casos, no se acaba de bucear. Por último, Damon regala el enfoque más convencional, poniéndose en la piel de la víctima que ha perdido a su familia en la tragedia.

Entre tanto dato, ciencia y teoría, casi no nos da tiempo para aceptar las historias personales. Para cuando nos damos cuenta de que han muerto millones, no nos sentimos tan afectados como habíamos esperado tras escuchar unas previsiones terroríficas en el notable y frenético primer acto. Ni el final del personaje de la gran Kate Winslet cala como debería, y solo salva por el siempre magnífico, aunque efímero, trabajo de la actriz. Especialmente afectada por la velocidad que toma la narración queda la trama de la francesa Marion Cotillard, que se vuelve incongruente e innecesaria en el transcurso del relato, y que además queda inacabada, dando a entender que ni siquiera a Soderbergh le interesaba demasiado esta historia ambientada en Hong Kong.

Con todo esto sobre la mesa, Contagio es un film bien contado que engancha al narrar la historia de una epidemia mundial como nadie antes lo había hecho (más parecido al libro de Guerra Mundial Z que a cualquier cinta de desastres globales), pero que se olvida en exceso de ese desarrollo de personajes por el que Soderbergh tampoco parece demasiado preocupado. Es apasionado, crea un drama inteligente y cerebral, imprime la palabra thriller con letras mayúsculas, y, sin embargo, a Contagio le sigue faltando alma.

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