9 enero 2015 Bélico, Estrenos

Corazones de Acero: ideales frente a realidad
Un jinete aparece recortando el horizonte del amanecer cabalgando en su corcel blanco. Poco a poco se va acercando a nosotros hasta que su silueta está perfectamente delimitada contra el cielo del nuevo día.

Este inicio tan de western es el de la nueva película de David Ayer (Sabotage, Sin tregua) director y guionista de Fury, conocida en nuestro país por Corazones de Acero y protagonizada, entre otros, por Brad Pitt.

Ambientada a finales de la Segunda Guerra Mundial (Abril de 1945), la película nos narra las desventuras de un grupo de soldados que componen la dotación de un tanque Sherman, comandado por el sargento Wardaddy (Brad Pitt). Un novato se une a sus filas tras sufrir una baja y se verán rodeados por sus enemigos en pleno corazón de la Alemania Nazi.

Este relato sensible (que no sensiblero), nos cuenta de una manera emocionante y sólida las penurias de unos hombres en la guerra. Como dice uno de los protagonistas: “verás de lo que un hombre es capaz”. De hecho, nada más empezar veremos el lado más salvaje del hombre.

Con el recurso habitual de introducir una persona ajena al grupo (el novato interpretado por Logan Lerman) para que el espectador se sienta integrado e identificado, se nos irán mostrando los horrores de la guerra (de cualquier guerra) existentes para los dos bandos: por un lado los norteamericanos, virtuales vencedores, están agotados mentalmente y no dejan de suspirar por la rendición de los alemanes. Éstos, por su parte, no cejan en su empeño de defender su país y se les muestra como inocentes soldados o paisanos que, como los norteamericanos, hacen lo que deben pero a costa de su humanidad. Tan sólo en un par de casos se nos retrata a algún alemán de forma negativa, y son oficiales de las SS.

Los ideales son pacíficos. La historia es violentaAsí, el director nos pone ante los ojos una historia bélica pero con un tono claramente pacifista, bien narrado, bien interpretado y con las dosis justas de sangre y muerte. Ayer ha conseguido contarnos una terrible historia con una gran sensibilidad (bien apoyado en la música de Steven Price) que hará que, en vez de horrorizarnos ante ciertas secuencias bastante crueles, lleguemos a comprender a estos hombres inmersos en un verdadero infierno, un verdadero experimento psicológico para el espectador.

Las reminiscencias del western, por otra parte, son muchas y variadas: desde el citado inicio con el jinete, hasta un duelo entre tanques o el final, al más puro estilo Solo ante el peligro o, más exactamente, El Álamo. Es indudable la influencia de Peckinpah, aunque aderezando la crudeza de éste con una fotografía más poética en las batallas.

Corazones de Acero: ideales frente a realidad

Sony nos dio la oportunidad de comentar con unos expertos, la Brigada de Infantería “Guadarrama” XII, la verosimilitud de lo narrado en la película. En general quedaron contentos con el reflejo de la vida dentro de un tanque que podemos ver en pantalla, mostrando bastante fielmente el compañerismo y los esfuerzos que se deben hacer al convivir varios días en un habitáculo tan pequeño.

Corazones de Acero: ideales frente a realidadPara recrear al Fury, el Sherman M4 de la película, se usaron tres vehículos: un carro de combate real que data de finales de la guerra, un segundo vehículo construido sobre una plataforma y con el espacio suficiente para las cámaras, y un tercero construido en un set de rodaje, recreando el interior del tanque para las claustrofóbicas escenas que tienen lugar en su interior. Por su parte, el Tiger alemán utilizado en una magnífica escena de duelo entre tanques, es el único que se encuentra en condiciones operativas de los seis que aún existen de esa época.

Además de estas máquinas, a los actores principales se les entrenó de una forma peculiar: se les diseñó un campo de entrenamiento básico para que aprendieran a actuar en equipo en el que estuvieron seis días; durante este tiempo su ropa, armas y raciones imitaban las de la época, además de ser expuestos a los elementos como lluvia, barro y falta de sueño.

Todo debido a lo que el director quería mostrarnos: más que una historia bélica, la intensa unión que se produce entre estos hombres. El argumento es un mero instrumento del tema verdaderamente importante: el estrecho vínculo que se crea entre los protagonistas. Por eso la película pierde valor según nos acercamos al final, cuando del relato intimista pasamos al conflicto bélico, no obstante, muy bien retratado y con secuencias de batalla muy efectivas.

Corazones de Acero: ideales frente a realidad

En resumen, una buena película que aunque no pasará a la historia, es un emotivo retrato de la amistad de unos hombres en condiciones extremas, de intensas relaciones humanas en un breve espacio de tiempo, sin saber si al día siguiente seguirán vivos. Y del “nacimiento” del dulce e inocente novato al abrir los ojos a la realidad en la que se ha visto envuelto, una inocencia que deberá perder si quiere sobrevivir.

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