27 febrero 2008 Acción, Críticas, Directores

foto cartel no countryHacía años que los hermanos Coen parecían desaparecidos, ausentes. Realizaban películas absurdas que no aportaban más que historias banales en una filmografía que prometía convertirse en un referente. Desde “Fargo” parecía que ese aroma de marca con apellido Coen se había esfumado.
Tanto “Crueldad Intolerable” como “Ladykillers” no eran más que películas con grandes estrellas y esa manía tan manida del Hollywood reciente del remake.

Con “No es País para Viejos” los hermanos vuelven a sus orígenes; historias con personajes construidos, perdedores, con un pasado tormentoso, no mucho mejor que su presente. El Llewelyn Moss interpretado por Johs Brolin de ésta, tiene mucho que ver con personajes pasados interpretados por actores de la talla de Steve Buscemi, Billy Bob Thorton o John Turturro en películas como “Barton Fink”, “El Hombre que Nunca Estuvo Allí” o la anteriormente citada “Fargo” y es que este último título tiene mucho que ver con esta nueva película que nos ocupa. Ambos films poseen ese denominador común de la incomunicación, la soledad y de sucesos perversos en lugares que lo único que sucede no es otra cosa que nada.

Los paisajes desérticos de esta película tienen su correspondencia con ese desierto blanco creado por la nieve del estado estadounidense. Pero no solo eso, la figura del Sheriff interpretado en esta ocasión por Tommy Lee Jones, tiene bastante que ver con el de Frances McDormand de “Fargo”, personajes tranquilos, inteligentes y pacientes que poco a poco desvelan la trama desde un punto de vista que les da, la veteranía en el caso de Jones y las limitaciones del embarazo en el caso de McDormand.
Pero si de algo se ha hablado de esta película es la interpretación de Javier Bardem metiéndose en la piel del asesino a sueldo Anton Chigurh. El actor canario, logra aportar la esencia brutal de un personaje creado por Cormac McCarthy en la novela homónima, que los Coen han cogido prestada para llevar a la gran pantalla.

Bardem interpreta a uno de esos personajes carismáticos en la filmografía de los Coen, un personaje de esos inolvidables en la historia del cine y es que al igual que la película, disfrutar de sus ciento veintidós minutos de metraje es simplemente inolvidable.

La victoria en los Oscars no ha sido otra cosa que certificar, que los “Hermanos Coen” siguen siendo de lo mejor del cine norteamericano actual.

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