9 octubre 2010 Críticas, Drama, Opinión

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Segunda partes nunca fueron buenas. Siento mucho comenzar con esta frase, pero es la pura verdad. Oliver Stone dio en el clavo con Wall Street, pero no con su secuela. La idea parecía brillante, el reparto lo era y la ejecución resulta impecable. Sin embargo, es el texto el que no cuadra, el que no pertenece a esta película. Aviso a navegantes de que esta crítica contiene información privilegiada, así que aquellos que aún no la han visto o descargado que se abstengan de continuar.

Un Stone muy fiel a sus principios, en cuanto a realización se refiere, nos presenta a un Gordon Gekko recién salido de prisión. Para aquellos que han cometido el flagrante error de no disfrutar de la primera película, debemos comentar que Michael Douglas acaba con sus huesos en la cárcel por tráfico de influencias y uso de información privilegiada. Gecko debe ahora reconstruirse desde cero y da la casualidad de que su hija, con la que no tiene relación, está prometida con Jacob Moore, interpretado por Shia Labeouf, otro avaricioso habitante de Wall Street.

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En primer lugar al rey lo que es del rey. Aunque no esté ni de lejos de acuerdo con el guión de la película, he de admitir sin ningún lugar a dudas que el resto de aspectos que componen el filme, a saber: reparto, realización, fotografía y vestuario, banda sonora y ritmo, son simplemente excepcionales. Desde el minuto 1, el director nos embelesa con planos aéreos, giros, contrapicados y demás artificios de cámara que sin duda contribuyen a que nos hagamos una idea de lo colosal y solemne que debe de ser la Gran Manzana.

La conexión de Stone con la película de los 80 se lleva a cabo a través de la banda sonora. Muchos títulos de la década dorada de la música suenan de fondo, sin tomar demasiado protagonismo, pero sin pasar del todo desapercibidos. Para aquellos que sepan algo de inglés, no es complicado darse cuenta de que muchas de las letras de las canciones escogidas tienen mucho que ver con lo que está sucediendo en la película.

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El elenco de actores que se dan cita en esta obra es excepcional. Labeouf borda literalmente su papel protagonista y sale muy bien parado de sus innumerables duelos con el señor Douglas. Michael a su vez está a la altura de las expectativas y su presencia no defrauda lo más mínimo. Langella, por encima del bien y del mal, eleva el nivel de clase y sofisticación de la película unos cuantos puntos, ayudado por supuesto de Susan Sarandon, cuya versatilidad no tiene límites. Ahora bien, para mi la gran sorpresa nos la dan Josh Brolin y Carey Mulligan. El primero porque su sola presencia llena la pantalla de ego, avaricia y elegancia, impecable en su actuación y la segunda porque siendo una total desconocida se codea con los grandes sin desmerecer lo más mínimo.

Habiendo dicho todo esto y antes de centrarme en el guión, he de hacer una mención especial al vestuario y las localizaciones. Oliver Stone puso mucho énfasis en estos apartados en la primera entrega y ha vuelto a hacerlo. Elegancia y sofisticación en todos los ámbitos y ambientes: Londres, Nueva York, Suiza. Corbatas, trajes, camisas, pajaritas, zapatos, joyas, relojes… todo perfectamente escogida para cada ocasión. La ropa es otro personaje de la película, un vehículo que nos guía a través de la evolución de los personajes y que nunca, repito, nunca pasa desapercibido.

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Finalmente, no quiero concluir esta crítica sin dedicarle especial atención al texto, al guión. El trailer, como casi siempre, engaña. Acudimos a las salas pensando que volveremos a ver tiburones, capitalismo, avaricia, despilfarro, tensión, estrés, agobio, números. Sin embargo, pasados unos 40 minutos de la película todo esto se esfumo y da paso a lágrimas, sentimientos, miradas, explicaciones, excusas, etc. Si en la primera película la piedra angular era Gecko en esta lo es Winnie, su hija. Este error garrafal propicia que todo tenga que ver con ella, todo tenga que encajar con ella y así, poco a poco el guión se va adentrando en el siempre pantanoso mundo de la confianza, la comprensión y la sensibilidad.

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Sin duda una gran película, pero no la gran película que esperabas ver. El final comete una incoherencia muy grave, parece tener prisa y salta algunos pasos totalmente necesarios. Y es que, si el hecho de que tu novio y padre de tu hijo haga negocios a tus espaldas con tu padre te hace abandonarle.. ¿Cómo se puede perdonar a un padre que te estafa, te engaña y te abandona? En fin, es cierto que el dinero nunca duerme, pero algunos guionistas si.

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