23 febrero 2016 Acción, Ciencia-Ficción, Comedia, Críticas

Deadpool

“Lo sé. Estáis pensando ¿cómo ha conseguido este tío película propia?”, suelta Deadpool al comienzo de su cinta. Sorpresa: el trabajo de Tim Miller no avanza en lo visto con anterioridad. Asistimos a un ejercicio correcto con evidentes taras y una lluvia de Easter eggs para los más avispados.

Los gags humorísticos, pieza clave en una adaptación sobre el personaje más irreverente de Marvel, brillan en momentos concretos pero se echa a faltar mayor constancia en su calidad. Tanto así que la película se encumbra cuando saca el ingenio a relucir, y se muestra poco reconocible durante el resto del metraje.

Deadpool

Se abusa de forma continuada de un lenguaje ofensivo y políticamente incorrecto. Pero esta característica no se encamina hacia parte alguna. Soltar palabrotas y chistes cien veces escuchados no sirve si no llega acompañado de gracia narrativa y don de la oportunidad.

Acierta el director Tim Miller al copiar de los cómics la burla propia, la apelación directa al lector/espectador, la ridiculización del mundo en que se encuadra la acción. Chinazos hacia otros superhéroes y hacia la propia Marvel aparte, el universo dibujado por el director queda falto de alma. Escasas localizaciones nada relevantes, como tomadas a la prisa y sin riesgo de interacción o protagonismo del entorno.

Deadpool

Triunfa Miller -o los guionistas Rhett Reese y Paul Wernick, por mejor decir- en la estructura narrativa, con un in medias res intermitente que desbanca a la mayoría de películas iniciáticas sobre héroes del cómic norteamericano. Los saltos temporales tornan llevadero el viaje cinematográfico.

Se mantiene la tensión narrativa hasta culminar en un final descafeinado, falto de músculo y sin capacidad de sorpresa. Deadpool pedía más. La violencia desmedida queda a la orden del día. No lleven a sus hijos susceptibles a verla: esto no es Guardianes de la galaxia ni Spiderman, aquí se rebanan cuellos por placer y luego nos revuelcan en el jugo.

Deadpool

La construcción de personajes falla. Con Ryan Reynolds y su alter ego como protagonistas absolutos, rescataríamos a Morena Baccarin de la vorágine de actores y actrices que entran y salen de plano sin dejar huella, sin motivaciones ni esperanza de continuidad. Al espectador no le importa qué pinta el reparto, y por lo visto el director tampoco se devanó los sesos en su día.

Algunos roles secundarios parecen creados con el objetivo único de perder tiempo y justificar chistes sobre pechos o adolescentes incomprendidas. Y la banalidad lleva a la desgana, no solo a la inversa. Poca sorpresa en las escenas de acción. Nada nuevo bajo el sol de Marvel, algunos combates pueden aprovecharse para rellenar las palomitas o el refresco. Sin la irreverencia de las escenas que sí lo merecen, cojea.

Deadpool

Tras un enemigo de maldad intrínseca y pueril al que le falta recortarse contra la luna llena y gritar ‘muajajaja’, Deadpool se presenta con una sangrienta motivación materialista que a más de uno dejará insatisfecho y un nivel irreal de cuerda tendencia al humor y la broma aun en los momentos más sórdidos o sufridos. Falla el personaje cuando se abandona la locura por la personalidad enfermiza.

No se alarmen. Deadpool ofrece algo más de hora y media de entretenimiento fácil y poco trascendental -incluso dentro de la estela Marvel-. Enfocada a un público adulto (algo poco habitual), triunfará en cartelera y será recordada por sacar al público la media sonrisa que busca. La promoción hollywoodiense hace el resto: ya se prepara para 2018 la secuela. En definitiva, una película desaprovechada y mejorable que cumple su función de ocio a precio módico.

También te puede interesar

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *