27 octubre 2015 Críticas, Drama, Especiales, Festivales

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Llevo unas horas en Valladolid, en la Semana de Cine Internacional que se celebra en la ciudad castellana (el ya sexagésimo SEMINCI) y ya he tenido ocasión de ver una de las películas que participan en la sección oficial. No dará tiempo a ver muchas, pero sí a disfrutar de las que podemos ver.

Degradé es una película que llega desde un lugar poco proclive a hacer llegar películas. La Franja de Gaza suele ser presentada a través de la televisión y nunca por motivos alegres. Pero, según nos cuentan los directores de esta película, la realidad no siempre es la que muestran los telediarios.

Esta película se centra en la vida de las mujeres de esta conflictiva zona. Sí, las bombas y los enfrentamientos son el pan de cada día de las personas que viven allí y no solo por el enfrentamiento entre palestinos e israelís. Según nos contaron los propios directores en la presentación de la película, la vida transcurre igual que en cualquier otro lugar, obviando el sonido de las ametralladoras en la puerta de casa.

Dos directores nacidos en la Franja de Gaza nos cuentan como es la vida allí para los no combatientes, las mujeres

Tarzan y Arab Nasser nacieron en la Franja de Gaza y se pudieron salir de allí, pero su madre continúa viviendo en la zona. Es por ello que hablan con frecuencia vía Skype y es a través de esta vía cuando pueden conocer cómo está la situación. Su madre limpia la casa mientras el sonido de las bombas suena de fondo. ¿Por qué lo hace? Le preguntan. Y ella contesta porque quiere tener su casa limpia.

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Y es esta cotidianidad la que transmiten en Degradé, en la que cuentan la historia de una peluquería, regentada por una joven rusa casada con un palestino. A esta peluquería van las mujeres a hacerse mechas, a depilarse, a arreglarse el pelo y a prepararse para su inminente boda. En la calle han de llevar el pañuelo cubriendo su pelo, pero en la intimidad de su casa, les gusta ser coquetas y estar arregladas.

Trece mujeres, trece historias que sorprenden

En esta peluquería sufren los cortes de luz, de agua y los ocasionales combates en la calle. Un día de verano, mientras una novia se arregla para su matrimonio, junto a su madre, su suegra y su cuñada, acuden también una adicta a las pastillas junto a su amiga, religiosa y allí se encuentran con otras habituales, una cuarentona más actual y de costumbres más modernas y una embarazada junto a su hermana.

Fuera, está el novio conflictivo de la ayudante de la peluquera, interpretado por uno de los directores, que ha robado una leona del zoo de Gaza. Esto es la excusa para que se inicie un cruento combate que arrasa el barrio, mientras en el interior de la peluquería, cada mujer es protagonista de su propia historia, rodeadas del estrépito de la guerra que se libra apenas unos metros más allá.

El trabajo de los realizadores es loable. Con un presupuesto muy exiguo, consiguen transmitir la ansiedad que se vive con fuerza en esa pequeña habitación, con trece personas hacinadas, sin electricidad, encerradas y con un sofocante calor.

Consiguen que nos enteremos de las historias de cada una de ellas, aportando pinceladas que nos descubre que ninguna de ellas es lo que parece ser en un principio y que ni la liberal lo es tanto, ni la religiosa acata las órdenes como se espera de ella.

Como pero, apuntaría al abuso de los primeros planos, quizá excesivos, pero que resultan útiles para determinar el carácter y las circunstancias vitales de cada una de las protagonistas.

Una buena película que consigue que el espectador viva esa tensión, mezclada con resignación, a las que las protagonistas se ven sometidas todos los días.

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