4 marzo 2009 Directores

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Hoy voy a empezar con lo que será una recopilación de la vida del cineasta neoyorquino Woody Allen. Haré un repaso por su biografía y principalmente por su obra, convirtiéndose esta idea al final, en una buena autobiografía artística: su labor como director, guionista y compositor, proceso de elaboración de sus películas, guiones, repartos, etc.

No sé cuánto tiempo me llevara completar este compendio, o cuánto tiempo pasará de un artículo a otro, pero poco a poco, podremos tener un buen trabajo. Sin más, aquí teneís la primera parte.

Woody Allen, uno de los directores más aclamados del mundo nació el 1 de diciembre de 1935 (hace 74 años) bajo el nombre de Allan Stewart Konigsberg. Criado en el barrio neoyorquino de Brooklyn, se convirtió en Woody Allen en la primavera de 1952, cuando los cronistas de sociedad de varios periódicos de la ciudad comenzaron a utilizar los chistes y ocurrencias que él les enviaba.

Su éxito llega pronto. A los 16 años, el tímido y adolescente Allan, no quería que sus compañeros de clase vieran su nombre en los diarios, además, pensaba que todo el mundo del espectáculo se cambiaba el nombre, y él quería adoptar uno que sonara desenfadado y apropiado para una persona divertida. Al poco tiempo citaban con tal frecuencia sus dichos ingeniosos que un agente de relaciones públicas lo contrató para que escribiera agudezas que pudieran ser atribuídas a sus clientes. Cada día, al salir de clase Allan hacía un trayecto en metro de cuarenta minutos hasta el centro de Manhattan y se pasaba tres horas inventando el mayor número de ocurrencias posible en el despacho del agente. Pensaba que se encontraba en el “meollo del mundo del espectáculo”. Cada día entregaba tres o cuatro folios mecanografiados y a cambio recibía veinte dólares a la semana, que pronto pasaron a ser cuarenta, un buen pellizco para la época.

Sus posteriores pasos se vieron acompañados por el éxito. A los 19 años fue contratado por la cadena de televisión NBC como parte de su plan de desarrollo de nuevos guionistas y enviado a Hollywood para trabajar en el programa Colgate Comey Hour. A los 22 escribía para el humorista Sid Caesar y a los 24, es decir, en 1960, había multiplicado por ochenta su primer salario.

Entonces vio a Mort Sahl subirse a un escenario con un jersey y un periódico bajo el brazo para ponerse a hablar de política y de la vida de los estadounidenses. Se dio cuenta de que podía dedicarse a hacer monólogos cómicos, y así lo hizo. Fueron sus actuaciones como humorista las que le valieron el contrato como guionista y actor para ¿Qué tal Pussycat? (1965), que se convertiría en la comedia más taquillera de la época.

Sin duda, todo un buen comienzo, como el que se merece uno de los mejores cineastas actuales.

Vía | Hoy Cinema

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