28 abril 2016 Animación, Críticas, Fantasía

El niño y la bestia

Tras años sin ver a su padre Ren no soporta la pérdida de su madre. Vaga solo por la ciudad ajeno al transitar de miles de almas. Cual moderna Alicia perseguirá a un peculiar viandante hasta un callejón que le lleva a un mundo habitado por monstruos. En él conocerá al perezoso y malhumorado maestro Kumatetsu, quien se empeñará en convertirlo en su discípulo en el arte marcial y en los secretos de la vida.

El niño y la bestia fue estrenada el pasado viernes 22 de abril en España y supone mi primera aproximación al aclamado cine del japonés Mamoru Hosoda, quien tras dirigir diversas referencias para Digimon ha firmado cintas como La chica que saltaba a través del tiempo (2006), Summer Wars (2009) o Los niños lobo (2012), todas ellas modernos clásicos del anime oriental. Pendientes quedan en mi personal listado.

El niño y la bestia

El nuevo trabajo de Hosoda rezuma conocimiento técnico y narrativo. En lo visual se muestra atractiva -para muestra las imágenes que acompañan esta crítica- y también dinámica, con saltos contextuales que quedan reflejados en la retina a través de una paleta de colores cambiantes. Los escenarios que desarrollan la historia han sido cuidados al detalle y forman parte activa de la narración, la acompañan de principio a fin. La variedad de técnicas de animación que aúnan fuerzas en El niño y la bestia da notoriedad al resultado.

Pese a su duración -casi dos horas de metraje- no luce larga en exceso, maneja sus propios tiempos con desenvoltura y evita puntos muertos con suficiente cuerpo como para no trastabillar la atención de quien observa la acción. Motean la trama dosis de humor vivas y acertadas, aptas para el respetable en su conjunto sin consideración de edad o procedencia. Se trata de gags de situación, sketches insertados con tino.

El niño y la bestia

La fortaleza de El niño y la bestia aguarda en su desarrollo. La fábula aporta ideas sobre el crecimiento personal, la frustración, lo correcto. La enjundia aportada por la identificación con Ren-Kyuta en sus motivaciones y esperanzas viaja de la mano con la evolución de los personajes. Ni el protagonista ni su maestro resultan estáticos, y el producto final queda procesado por un movimiento natural de los cuerpos en el espacio inter-personal.

Si bien algunos puntos no dan con su explicación racional -bien por apelar a alegorías o metáforas, bien por tratarse de elementos contextuales-, la eficaz trama aparece comprensible y rica en valores. El niño y la bestia es entretenida y mantiene pretensiones artísticas que no defraudan.

El niño y la bestia

Resulta difícil (y vacuo) resistir la tentación de comparar esta cinta con el genio de quien ha monopolizado la conversación cinéfila mainstream sobre anime japonés en los últimos años: Hayao Miyazaki. Si bien la obra de Hosoda decae en lo referido a creación de universos frente a la sapiencia del creador de La princesa Mononoke (1997) o El viaje de Chihiro (2001), no resulta menos cierto que la película que tratamos gana el pulso en cuanto a vitalidad y constancia narrativa.

No son pocos los amantes del anime que ya califican a Mamoru Hosoda con el previsible y manido título de “el nuevo Miyazaki”. No nos atrevemos a tanto. Sí osamos en cambio recomendar a los seguidores del género en España El niño y la bestia. En la línea de lo estrenado en nuestro país, divierte y entrega frescura. Juzguen ustedes mismos.

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