13 enero 2016 Animación, Aventura, Críticas, Fantasía

El Principito

Antes de convertirse en carne de sentimentalismo en redes sociales un sabio zorro confió a un pequeño y confundido príncipe su más profundo secreto: “no puede ser más simple: solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos“.

Para Mark Osborne la frase quizá haya sido malinterpretada. La adaptación cinematográfica inédita en España de El Principito no desvela a primer vistazo sus claves, y habremos de mostrarnos benevolentes y bien dispuestos para disfrutar como niños de su película. Pero no refería a eso el consejo del gran zorro, señor Osborne.

El Principito

Comencemos por el inicio. EN 1943 el aviador francés Antoine de Saint-Exupéry vio publicada su novela corta con la editorial Gallimard. Narrada en primera persona, cuenta cómo su avión se estrella en el Sáhara donde conocerá al Principito, único habitante del asteroide B-612 -junto a su preciada rosa, tres volcanes y los indeseables baobabs-, quien le exigirá que le dibuje un corderito.

En 1944 el autor de la obra falleció en accidente aéreo. En la adaptación animada que nos ocupa se le devuelve a la vida en la figura de un anciano con espíritu de niño. La protagonista de la historia se mudará junto a su casa con objeto de pasar un verano entre libros, números, cálculos y tedio. El extravagante vecino le hará olvidar su propósito -el de su madre, más bien- gracias a una historia de juventud en que asegura haber conocido a un ser extraordinario.

El Principito

De animación cuidada, trabajada y precisa, la película tiene en lo visual un aliado potente: los recuerdos preciosistas contrastan con una realidad rica en detalles. Con guiños continuos a la novela, en una primera parte se nos relatan las vivencias del aviador y el Principito de forma sucinta y sesgada.

Es a mitad de la cinta sin embargo cuando la narración toma impulso y nos adentra en terreno desconocido. La pequeña protagonista se embarcará en una aventura espacial para encontrar al joven príncipe del B-612. ¿Le habrán pasado factura los años, o seguirá siendo el inocente y preguntón niño de cuento de hadas?

El Principito

Por momentos la re-interpretación de la obra de Saint-Exupéry resulta viva y fascinante como el original, y a la escena siguiente cae en la irrelevancia. Mark Osborne, quien ha dirigido Kung Fu Panda y la película de Bob Esponja con anterioridad, cae en una emoción evidente, falta de tacto. Al repaso con huecos de la obra original se añade una trama aparte que se aleja de la esencia original del cuento y la echa en falta sin pervertirla.

Afrontar una adaptación libre de El Principito no es tarea simple. La mitificada obra francesa no se deja enfrentar de cualquier manera, y la adaptación de Osborne lo muestra. Con lo visual como principal atractivo y cierta remembranza de la ensoñada lucidez del escritor, le película agradará a los pequeños de la casa y se dejará domesticar por las personas mayores pese a caer en lugares comunes.

El Principito

No me malinterpreten. Se trata de una adaptación correcta y lograda, entretenida. La fuerza y sentido de la amistad como motores humanos continúa incólume. Es solo que… bueno… esperen. ¿Qué nos diría el Principito al vernos en semejante tesitura? “Lo que embellece al desierto es que oculta un pozo en cualquier lugar”. Busquen su pozo, cada cual tiene el suyo. No me hagan caso si pretendían disfrutar de la película junto a sus hijos o amigos. “Las palabras son fuente de malentendidos”. Quién sabe, quizá su caja sí contenga un lindo corderito.

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