23 septiembre 2008 Críticas, Thriller

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La película comienza con un coche viajando hacia el horizonte, el conductor se siente protegido, confiado. En los primeros minutos vivimos el tórrido encuentro de los dos protagonistas; la primera impresión que se percibe es la de que se trata de un acercamiento forzado, incluso de que es una escena de sexo elegante pero gratuito, aunque muy pronto descubrimos que todo tiene una explicación…

El uso de la cámara en mano en este film es sumamente inteligente, no molesta y realmente te introduce en la acción: quizá me sobren unos pocos planos generales que nada aportan, pero la técnica en su conjunto es magistral.

Por supuesto ayuda mucho el estar respaldado por el guión de Javier Gullón que está tan matemáticamente estructurado que no permite ninguna fisura.

La intriga comienza pronto; suena un disparo y la sensación de vértigo ya no nos abandona; además Gonzalo López Crespo, su director, resuelve con maestría ciertos tópicos en este tipo de cine: el caserón abandonado, el coche que se avería etc.

No conocía el trabajo de María Valverde, he de reconocer que en esta película está soberbia, hay algo en su tono de voz que te invita a dejarte llevar. Por su parte Leonardo Sbaraglia realiza la interpretación de su vida.

El papel de la música de David crespo es sumamente discreto, solo aparece cuando es necesario y en los tramos finales recuerda vagamente a Marck Knopfler.

En un determinado instante de la película el dúo se convierte en trío y esto se agradece pues nos abre una nueva perspectiva sobre los personajes; de todas formas es una irrupción breve que se salda con una aterradora fractura abierta que me dejó totalmente traumatizado; finaliza la secuencia con un momento cuasi lírico que llega a impresionar por su realismo.

Cuando llega la noche se nos ofrece una tregua y los personajes se relajan, es entonces cuando intentamos conocerles un poco más, pero solo descubrimos que el hombre camina en pos de algo perdido y la mujer no viene de ninguna parte, no tiene un camino, solo misterio…

Es en estos instantes cuando tenemos la sensación de que la película flojea, pero solo es el trampolín para un final trepidante.

El paisaje a cada fotograma se va tornando aun más amenazador, más opresivo; aquí es donde me vino a la memoria el naturalismo sugerente de Werner Herzog.

Lo mejor del film estriba en la facilidad con la que el director nos describe la desesperación de los personajes; una sensación contagiosa y desasosegadora.

Y de pronto el cataclismo: el hombre reacciona inesperadamente y el terrible desenlace final se precipita, el giro narrativo es magistral, la sorpresa nos deja aturdidos y confusos; contemplamos la esencia de la maldad humana en estado puro.

La trama se trueca fantasmagórica y se describe a la perfección la soledad del acosado y la repulsiva maldad del acosador; que de forma gratuita y cruel provoca un impactante y brutal final de un exacerbado realismo.

Recomiendo vivamente esta película.

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