11 marzo 2015 Estrenos, Romántica

Enamorarse. Un día puede ser eterno
Adam Rogers nos presenta su segunda película (que llega a nuestras pantallas con un año de retraso), una tierna historia de amor enmarcada en la Universidad de Middleton, llegando a ser casi un catálogo promocional de este centro educativo.

George es un estirado y próspero cirujano. Edith es una mujer de carácter liberal y un tanto frívola. Ambos acompañan a sus respectivos hijos a visitar Middleton, para decidir si será su universidad para los siguientes años. El encuentro de George y Edith en el campus hará que la jornada les resulte inolvidable.

Protagonizada por Andy García y Vera Farmiga como los padres, diferentes pero con problemas similares, la historia nos narra las aventuras y desventuras de esta extraña pareja con recursos vistos miles de veces. El estricto padre tiene un hijo algo rebelde, mientras que la madre liberal y “guay” tiene una retrógrada hija que no soporta las bromas de su madre. Ambos hijos pronto se identifican con el progenitor contrario, por supuesto, y la arrolladora personalidad de Edith hará que George, por fin, “se suelte la pajarita”.

Enamorarse. Un día puede ser eterno

Andy García hace lo que mejor sabe hacer: poner cara de palo y actuar igual que los árboles que decoran el campus. Sus pocas muestras de emoción son casi patéticas y se limitan a sonreir enseñando los dientes y a poner ojitos tiernos. Vera Farmiga no es que actúe mejor, que lo hace, si no que su personaje es mucho más agradecido y simpático, aunque nos retrata la típica persona extrovertida y, aparentemente, despreocupada pero que dejará ver sus sentimientos de soledad, frustación y, finalmente, acabará llorando.

De esta manera la película transcurre, dando tumbos entre la incipiente (y apresurada) historia de amor de los adultos, y la de los jóvenes por descubrir su camino en la vida. Y digo dando tumbos porque estos cambios entre tramas hacen que la película pierda estrepitosamente el ritmo varias veces, cambiando el foco de atención a temas que no nos interesan (el del hijo de George es completamente prescindible).

Enamorarse. Un día puede ser eterno

En resumen, una bonita historia de amor pero completamente increíble, tanto por cómo está contada como, sobre todo, por la historia en sí, de dos personas completamente desconocidas y diferentes en todo que se enamoran perdidamente en tan solo unas pocas horas. No es amor a primera vista, desde luego, y aunque un día puede dar para mucho, es fácil confundir el amor con el cariño o la simpatía, al igual que algunos confunden esta película con una comedia.

No es aburrida, la fotografía es más que notable (aunque con recursos muy facilones), pero se hace algo larga al estirar demasiado la historia. Los protagonistas no quieren que acabe el día, pero el director debería haber tenido más mesura.

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