19 abril 2009 Drama, Opinión

Enrique V

Ahora que Kenneth Branagh se embarca en la aventura de dirigir la anticipada Thor, es buen momento para repasar el debú detrás de las cámaras de este artista muchas veces obviado en todas sus facetas. Nunca ha llegado a ser una estrella más allá de las tablas del teatro shakespiriano, pero su talento nos ha regalado grandes momentos de la historia del cine que nacerían con este Enrique V, donde plasmaría por primera vez en pantalla grande su eterno idilio con el famoso literato inglés.

Enrique V es una plasmación casi exacta del texto que el escritor creó para el teatro, y es este aspecto teatral que se escapa por cada poro de su ser lo que hace a esta pieza tan especial. El teatro se traslada al cine sin dificultad alguna y sin malabares innecesarios que retoquen un texto que se pueda volver irreconocible, como volvería a hacer tarde con otras como Hamlet o Mucho Ruido y Pocas Nueces.

La representación no se hace pesada, aunque nos damos cuenta en todo momento de que es una obra de teatro que da prioridad a los personajes y diálogos, así como a los ambientes pequeños sin grandes escenas de acción, no demasiados decorados o gastos de producción. Asimismo, los caracteres secundarios tienen una gran importancia. De este modo, y una vez que asimilamos estas características que nos explica el narrador (bien nos dice que tendremos que desarrollar nuestra imaginación), la experiencia es totalmente satisfactoria pero posiblemente no para todos los paladares, o los más amantes de la adrenalina y la acción.

Enrique V12

Capitaneados por un genial Branagh, que demuestra que puede llevar a cabo un papel protagonista trasmitiendo todo lo que un joven rey tiene que trasmitir (la actuación de Jonathan Rhys Meyers como Enrique VIII en la televisiva Los Tudor tiene varios rasgos similares); vemos un reparto coral en el que incluso aparecen la gran dama Judi Dench, un jovencísimo Christian Bale (nadie podría pensar entonces que se convertiría en la estrella que es ahora), Ian Holm o una divertida y brillante Emma Thompson, por entonces pareja del director que muestra sus encantos en dos de las mejores secuencias del filme, una divertida y otra con una desgarradora “conversación final”.

Por lo tanto, lo mejor y lo peor de esta adaptación es, sin duda, su fidelidad que mientras que a algunos les llevará a descubrir la obra cercana a como la contemplara Shakespeare, a otros les producirá rechazo por representar a un arte y manera de componer más clásica, bastante autocontenida y más pausada a la que estamos acostumbrados a ver en la gran pantalla.

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  1. Bitacoras.com 19 abril 2009

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