20 noviembre 2008 Especiales, Western

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Con motivo del estreno de la esperada Appaloosa el western vuelve a estar en primera fila dentro del mundo del cine. En los últimos años se han visto varias obras que han rejuvenecido un género que parecía muerto. Me refiero a películas como El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford o la más reciente El tren de las 3:10. Ambas, junto a otras de menor calidad, han aportado su granito de arena para revitalizar este género que despierta un interés desbordante entre los seguidores de películas de vaqueros.

Así pues, vamos a analizar la evolución de un género, que ha tenido, como todos, sus obras cumbres, en las que una serie de personajes en concreto, tanto directores o actores, han sabido trasladar en imágenes un mundo lleno de símbolos, dotado de un lenguaje propio, fruto de la genialidad de hombres que se hicieron grandes por encontrar la manera reflejarlo en la pantalla.

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Los orígenes: John Ford y La Diligencia

Cuando todavía el cine no se conocía como tal, en 1903 aparecía el primer bandido, George Barnes y el corto Asalto y robo a un tren. El film simplemente se dedicaba a retratar en unos diez minutos el robo a un tren, no iba mucho más allá, pero fueron las primeros indicios de western. El director fue Edwin S. Porter. Fruto de su obra y de los primeros avances en la técnica cinematográfica, que obtuvo su punto de desarrollo total con David Griffith, el arte de hacer cine fue reconocido en la mayoría de grandes ciudades del mundo. Con el cine mudo, el western no supo adaptar su lenguaje básico, aún por desarrollar, a las necesidades del público, y sobre todo de las productoras, que por aquel entonces eran los monopolistas de un negocio que emergía como la espuma.

Poco a poco y con la década de los años 20, las estrellas comenzaron a tener más importancia, los espectadores ya no solo iban al cine para entretenerse, sino que buscaban una estrella, su actor o actriz favorito representando una historia en la pantalla. Fue entonces cuando se produjo el cambio crucial alrededor de 1930, en el mundo cinematográfico. La llegada del sonido, provocó que muchos actores y productores no se adaptaran a las nuevas fórmulas. Con esto el cine debía reinventarse, surgieron entonces nuevos nombres, y sobre todo nuevos géneros: llegaron el musical, que con el sonido tuvo una explosión importante, o el nuevo terror que dotó al género de una nueva herramienta para infundir miedo. Junto a estos el western se hizo lugar, una serie de obras menores aparecieron, levantando el interés del espectador, y con ello el de los productores buscando carne fresca con la que llenar las arcas de sus estudios.

Fue en 1939 cuando de la mano de John Ford apareció el primer gran título del género. Ford, que trabajó como ayudante junto a Griffith, en algunas de sus películas, destacó en sus inicios por saber como retratar el aroma de la época e imprimir en sus personajes la profundidad que pocos directores en aquel momento podían lograr. La Diligencia es un producto fresco en los perdidos años 30, la guerra asolaba todo el mundo y el cine sería una habitual vía de escape para los hombres y mujeres de la época. Protagonizada por uno de los iconos del aquellos año, John Wayne , que representará el prototipo de vaquero que veremos por lo menos hasta los años 50. Un hombre que genera la confianza de la población, un héroe atormentado, que junto con el resto de personajes del film, se encaminan en un viaje a través del oeste para defender la diligencia. Con una perfecta dirección de fotografía, La Diligencia obtuvo un reconocimiento mundial y a lo largo de los años se ha convertido en un referente básico para cualquier aficionado al cine. Se presenta por primera vez la lucha entre el hombre y el indio, que veremos continuamente en títulos futuros. Un tipo de western del que cogieron buena fe la futuras generaciones, que dieron lugar al mayor apogeo del género.

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En los años venideros el género western se vio afectado por la creación de obras menores que lo único que pretendían era entretener al espectador con tiroteos, robos, peleas de bares y poca cosa más. Tan solo unas cuantas películas lograban mantener el nivel exigido desde que Ford presentó La Diligencia. El mismo Ford contribuyó con otros títulos, que si bien no llegaban al nivel de la anterior, mantenían la capacidad de contar historias de cowboys junto con unas líneas narrativas acordes con lo que el cine de la época comenzaba a exigir. El público ya no era un mero “tragador” de productos, ya que ahora la población se fijaba en otros puntos interesantes de lo que veían. Obras como Ford Apache o La legión invencible corroboran este gran momento que surgió junto a La Diligencia. Al igual que Ford, nombres como el de Howard Hawks no pueden quedar en el olvido, participando muy de cerca en la construcción de un género en el que lo mejor estaba por llegar. Por su puesto en los años 50 se comenzaron a formar lo que posteriormente sería la edad de oro del western.

El primer atisbo llegó de la mano de Anthony Mann con la genial Winchester 73 una visión crucial dentro del cine de género. Con toques clásicos, el film se centraba en uno de los iconos dentro del mundo del vaquero; el Winchester, un rifle deseado por muchos, pero que solo unos pocos podían tener y sabían manejar. Mann manejó con soltura los elementos visuales de los que disponía, y puso al frente del reparto a James Steward que agrandó su leyenda por interpretaciones como esta. Se inició bien la época, pero sin duda acabaría aún mejor.

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