24 noviembre 2008 Especiales, Western

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Después de dejar claro que en los años 60 y 70 el spaghetti western fue lo más destacado dentro del género, en los años 80 comenzará una nueva forma de hacer películas referidas al oeste. Se sigue a los clásicos, pero a su vez aportan nuevos formatos narrativos que engrandecerán al western.

Hay que centrarse en dos películas, aunque existen muchos más títulos, estos dos son los más interesantes en mí opinión. Hablo de La puerta del cielo y Sin perdón.
La puerta del cielo, fue en 1980 un desastre absoluto, pero que con el tiempo se ha convertido en una de las películas de culto del género. Protagonizado por Kris Kristoferson, John Hurt y Christopher Walken narra la historia de dos compañeros que se encuentran 20 años después de celebrar una fiesta de graduación en la Universidad de Harvard. En el encuentro ambos cuentan ya con 40 años, y han cambiado por completo sus vidas. Uno es un sheriff y el otro un borracho miembro de la Stock Growers Agricultores, que se ve envuelta en un conflicto. Con este planteamiento el director del gran film de guerra El cazador, Michael Cimino, reinventa las formulas del western para crear una historia sórdida y perfectamente dirigida. El film fue un desastre en taquilla, tanto que llevó a la United Artist a la bancarrota, debido a la pésima recaudación, 3,4 millones de dólares, comparado con los costes de la producción (unos 35 millones de dólares). Sobre La puerta del cielo sobrevuela una leyenda que cuenta que Cimino había rodado unos 800 minutos, que quedaron finalmente reducidos a 217 minutos de película. Según la historia dice que la productora no estaba muy de acuerdo con la manera de rodar del director y con los elevados costes de la misma, así que ellos mismos dinamitaron lo que hoy día es una película magnífica. Con escenas preciosas, el principio del film es de lo mejor que se había visto en años, acompañado con un magnífico guión, supuso sin embargo la caída en picado de la prometedora carrera del director que no supo levantar cabeza tras el batacazo.


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La puerta del cielo recordaba grandes obras del género pero no supo adaptarse al momento en el que se estreno. Todo lo contrario le ocurre a Sin perdón. El que fuese icono del western en los 60, volvía esta vez director, además de actor. Clint Eastwood volvía con su mirada llena de expresividad y con una película que puede estar entre las mejores de los últimos 20 años. Eastwood no tuvo ni un pelo de tonto y se rodeó de actores de la talla de Gene Hackman o Morgan Freeman. Un una película sombría desde el inicio, que adopta los cánones clásicos del género para convertirla en una historia fresca y actual. La gran aportación de la película no solo es su enorme calidad como obra, sino la capacidad que tuvo para devolver al género el crédito perdido tras La puerta del cielo, un género devaluado por la incapacidad de crear películas que conectasen con el público y que a la vez fuesen de calidad. Es algo que siempre se le dio y da bien al director, la capacidad de tener el beneplácito de la crítica y el espectador al mismo tiempo. Sin perdón arrasó en la ceremonia de los Oscar del mismo año, aunque más bien fue un reconocimiento a la aportación como actor primero y como director después de Eastwood, ya que antes había dirigido obras tan interesantes para e género como El jinete pálido, El fuera de la ley o Infierno de cobardes.

El gran legado que Sin perdón a dado al cine es innegable. En los últimos años han aparecido obras de una calidad muy alta, que si bien intentan volver al western clásico, caso del remake de El tren de las 3:10 de James Mangold que posiblemente supere al original, logran incluir una visión renovadora del género, con toques más modernos y guiones más elaborados. Por otro lado películas como Los tres entierros de Melquíades Estrada magnifica ópera prima de Tommy Lee Jones o la asombrosa El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford de Andrew Dominik, aportan otro sentido más actual al western. Incluso No es país para viejos está claramente influenciada por los cánones del western más sórdido y austero.

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Con Appaloosa los hombres duros regresan y las antiguas obras maestras resucitan de la mano de Ed Harris y un brillante Viggo Mortensen, encarnando a dos colegas inseparables que se ganan la vida como mercenarios, pero que su vida da un cambio crucial al llegar al pueblo y conocer a una mujer, un papel que aunque pase desapercibido en muchos film del oeste, es de gran importancia en todos ellos. Pero para hablar de Appaloosa ya estará la crítica, que próximamente será publicada.

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