22 noviembre 2013 Críticas, Drama, Estrenos

Una familia de Tokio, una historia real y muy bien contada

El matrimonio de ancianos Shukichi y Tomiko vive en una pequeña isla en el mar del Japón. La pareja, que tiene 3 hijos y no los ve desde hace mucho tiempo, decide viajar a Tokyo para visitarlos. Pronto descubren que la ciudad no está hecha para ellos.

Aunque los tres quieren que sus padres tengan una estancia agradable en Tokio, todos ellos están ocupados con sus trabajos, y los ancianos no se sienten a gusto en la capital. Tomiko se desploma en casa de Koichi, lo que causa una conmoción en la familia.

Una familia de Tokio es obra del director japonés Yoji Yamada (nacido en 1931) y que lleva desde 1961 realizando películas. Este último trabajo está concebido como un homenaje a “Cuentos de Tokio“, una de las más famosas películas de Yasujiro Ozu, su mentor.

Con una narración pausada, como la forma de vida que tienen los dos ancianos, somos testigos del contraste de ritmos e intereses entre el matrimonio, habitante de un pequeño pueblecito pescador, y sus tres hijos, con una agitada vida en la capital.

Una familia de Tokio, una historia real y muy bien contada

Sin tener que contarnos nada, sin poner nada en boca de los actores, si no simplemente poniéndonos la vida delante de nuestros ojos, Yamada nos muestra cómo es la relación entre padres e hijos y entre los propios hermanos. Poco a poco, aunque parece que no pasa nada, nos sorprenderemos a nosotros mismos empatizando con los personajes, dándonos cuenta de que en contra de lo que parece a primera vista, todos (padres e hijos) son más de lo que aparentan: el padre huraño y malhumorado, el hijo mayor y con éxito, la sumisa hija o el hijo menor, sin oficio ni beneficio.

Con amplios planos, serenos y contemplativos, la película nos transmite emoción, ternura, un dulce retrato de la vejez y de la familia. Es un pedazo de la vida real y, como ésta, no tiene nada de cómico si no situaciones complicadas, a veces patéticas, a veces trágicas, y que debemos aceptar como vienen.

En resumen, estamos ante una película sincera, sin trucos, sólida, salpicada de bellos planos que no resultan forzados en absoluto. Una bella historia, contada de una manera excelente, ideal para verla en familia.

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