9 noviembre 2008 Directores, Festivales, Noticias

Jose luis Borau

Con paso firme llega el segundo día de este festival europeo de cine, en contra de lo que se podía pensar, el primer día no se puso toda la carne en el asador, el ritmo sigue siendo frenético y las proyecciones de grandes películas se amontonan en unos horarios abarrotados. Ayer fue un día de mucho movimiento, un homenaje al carismático director José Luis Borau, candidaturas a los Premios del Cine Europeo 2008 y la proyección dentro del concurso de Boogie, un film muy especial.

El cineasta aragonés recibió anoche el Giraldillo de Honor por toda su trayectoria. Con casi ochenta años y muy lúcido contestaba al porque de su sequía artística desde el año 2000, Borau no quiere “líos con bancos, Televisión Española ni con subvenciones”. “No depende de mí. Lo que no quiero es la tarea de ser productor”, afirmó. Un grande del cine español que incluso hizo gala de su humildad indicando que el motivo de la entrega de este premio, no es más, que su amigo Javier Martín Domínguez el director del festival sevillano.

Respecto a la necesidad de estudiar e implantar el cine europeo, destacó la importancia de festivales como el que se celebra en Sevilla hasta el sábado. Según Borau, el cine continental “está falto de atención por los europeos, porque el público sólo distingue tres clases de cine: el americano, el bueno según ellos; el español, que es el malo; y las películas extranjeras, que son las europeas. Al cine extranjero van muy poco, y al español, menos”. De su contribución al cine, señaló que “por gusto” no vería ninguna de sus películas. “Rodar equivale a fracasar, porque una película nunca sale como pretendes. Eso me deprime y soy un histérico incluso con los halagos”.

Anoche recibió un premio más, Sevilla le homenajeo, para mí un acertado guiño a un gran personaje del cine de nuestro país.

Boogie

Dentro de la sección oficial estuve presente en la proyección de la rumana Boogie, una genial representación de un típico matrimonio. El protagonista tiene un amplio debate en su propia mente sobre si debiera volver a sus años de diversión sin sentido o seguir su matrimonio con madurez y con la cabeza donde la tenía asentada. Su simpleza y realismo me cautivo desde un primer momento. Ya comentaré como es lógico en su correspondiente crítica.

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