10 agosto 2009 Clásico, Opinión, Terror

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Es por todos sabido que la palabra “friqui”, así a la española, se ha extendido a lo largo y ancho de nuestra geografía en los últimos años. Ésta se ha convertido en una palabra, a día de hoy, de lo más familiar y es raro no verla escrita en blogs, perfiles de redes sociales, chats, etc. Lo que no me resulta nada familiar a mí, es el significado que se le está dando; es más, resulta que cada vez que la oigo me irrita, ya que se suele articular en boca de la mayoría de personas de una manera frívola y muy a la ligera.

Es cotidiano desde hace unos cuantos años escuchar expresiones del tipo: “Déjalo, es un friqui” o “¡Qué friqui eres!”, donde se deja muy claro la connotación negativa de la palabra. Muy lejos de la realidad que nos rodea, si abrimos cualquier diccionario de inglés-español, podremos analizar dicho vocablo. “Freaky”, en inglés significa “peculiar”, “diferente”, nada más. Este adjetivo es una flexión de la palabra “Freak”, que como sustantivo quiere decir “fenómeno”, “monstruo” o “fanático” y como verbo, “to freak out” coincide con nuestros verbos en español “flipar” o “alucinar”. Es por esto, que no llego a entender muy bien el sentido negativo que se le da a esta palabra adaptada a nuestra lengua y en ejemplos como los anteriores.

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El uso de la palabra “Freak” en los primeros años del siglo XX, hacía referencia especialmente a fenómenos extraños de la naturaleza, gente (no monstruos) diferente que también formaban parte de la sociedad y que llegaron a mover millones de dólares como atracción en la época de la Gran Depresión Americana y fue a partir de ahí cuando los diccionarios en inglés empezaron a recogerla; y la película de Tod Browning tuvo mucho que ver en ello.

Resulta extraño que en esta época, en la que el cine estaba dando sus primeros pasos como adolescente, que gente deforme fuera atracción en ferias y que hoy en día, la sociedad se intente apartar de ella simplemente por ser diferentes.

La película de 1932 de Browning Freaks (La Parada de los Monstruos) refleja esa realidad, en la que un grupo de circenses va de ciudad en ciudad mostrando a un público deseoso por ver algo diferente con un éxito arrollador y delicioso; sin embargo, casi un siglo después, La Parada de los Otros Monstruos, claramente la nuestra, en la que los abominables seres anormales somos nosotros, aún no está preparada e incluso discrimina lo diferente, lo que está fuera del mainstream; exactamente igual que Browning lo recogió en película hace ya casi un siglo.

Más en Cinetelia | Freaks: La Parada de los Monstruos

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