11 septiembre 2014 Documental

Gabor, el cine se ve con el corazón

Sebas tiene que filmar un documental sobre la ceguera en el altiplano boliviano. Buscando equipos para rodarlo conoce a Gabor, un director de fotografía retirado que perdió la vista hace diez años.

Sebas le propone que sea su colaborador y que rueden juntos en Bolivia. Pero si Gabor no puede ver, ¿cómo hará para poder filmar?


Lo que nos propone el director de este documental es una bella locura de que que él mismo pronto se arrepiente, aunque comprende que no puede dar marcha atrás y debe asumir sus decisiones.

Si a cualquiera de nosotros nos preguntan si creemos que una persona ciega podría trabajar como director de cine, seguro que todos coincidiríamos en que es absurdo y poco menos que imposible. Sebastián también estaba seguro de esto… hasta que conoce a Gabor.

Gabor, el cine se ve con el corazónGabor Bene peridó la vista diez años atras y, como director de fotografía, perdió su principal herramienta de trabajo. Con gran valor y, sobre todo, mucho humor, salió adelante. Pero eso no hizo que se marchitara su amor por el cine (aunque, lógicamente, lleva diez años sin ver una película). Y tampoco ha olvidado todo lo que sabe sobre su profesión. Estos dos puntos son los que enamoran a Sebastián Alfie y le empujan a cometer esta deliciosa locura.

Filmada con mucha ternura (y no cierto punto de manipulación), la historia de la filmación del documental nos cuenta tanto el prólogo como el nudo del encuentro con Gabor: cómo le conoce, cómo le descubre y cómo decide contratarle.

Como es natural, el resultado final de cualquier obra cinematográfica depende mucho del montaje, pero en un documental esto es vital. Y aquí han realizado un magnífico trabajo, tanto mostrándonos la vida (y obra) de Gabor, como su cabezonería y enfrentamientos con el director: es el director de fotografía, le han contratado para esa labor y no se achanta por ser ciego. El “ve” claramente la composición de la escena y no deja que nadie se interponga en su trabajo.

Gabor, el cine se ve con el corazón

Este montaje, además, mezcla el documental primigenio y propiamente dicho, el de la ceguera en Bolivia, con el documental sobre Gabor, realizando una suerte de “meta-documental”, en el que la simbología se expande hasta llegar a niveles casi surrealistas por las bellas tomas crepusculares. El mayor ejemplo de esto es la identificación que nos quiere mostrar el director entre uno de los pacientes que van a operarse para intentar recuperar la vista, y el propio Gabor. Será éste quien le enseñe a superar la ceguera, a moverse con el bastón y, lo que es más importante, a seguir haciendo el trabajo que ha realizado durante años, ahora sin vista.

Esta similitud, proponiéndonos a Gabor como un guía vital, logra lo que el director pretende desde el primer momento, que comprendamos el dolor de una persona que ha perdido la única forma de subsistir que conoce y que, además, ama. El cine, en ese caso.

Como dice el propio director, imaginaba que si daba rienda suelta al talento (y al cariño) de Gabor, su energía y su amor por el Cine inspirarían y animarían al resto del equipo. Aunque, como quiere creer el director, fue el equipo el que se integró a Gabor, y no al revés.

Gabor, el cine se ve con el corazón

En resumen, una bella historia que rezuma amor por el cine. Más allá de una historia de superación, que no lo es, Gabor es un ejemplo (algo idealizado) de que podemos conseguir lo que queramos si de verdad lo deseamos… y nos dan la oportunidad.

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