14 mayo 2014 Ciencia-Ficción, Estrenos

Godzilla

Vuelven los kaiju a nuestras pantallas, pero esta vez el que vuelve es su representante más famoso, Gojira, más conocido por nosotros como Godzilla.

El gigantesco ser nacido en las míticas películas japonesas de monstruos de los años 50, cuando aún estaban aterrorizados por las masacres de Nagasaki e Hiroshima y que nacieron precisamente como metáfora de aquel terror.

Tras la muy olvidable versión de Roland Emmerich de 1998, Gareth Edwards pretende traernos un drama con dos lecturas: la esperada historia de destrucción y batallas descomunales, y otra más intimista, el drama familiar de los protagonistas.

Godzilla: vino, vio pero no venció

Según íbamos recibiendo imágenes y trailers, las esperanzas de ver una buena versión de este icono cinematográfico iban en aumento, esperando ver una adaptación tan seria como los amantes de la Ciencia Ficción nos merecemos… destellos de devastación: un largo valle de la tierra desgarrada por alguna enorme bestia en su camino hacia el mar; un edificio de gran altura con un espectacular bocado; la Estatua de la Libertad sin su brazo en alto. Vimos destellos de cómo podía ser Godzilla, vislumbrándolo con la tenue luz de las bengalas. La banda sonora crujía con rugidos prehistóricos, un coro de lamentos y las advertencias urgentes de científicos. Pero me temo que nos han decepcionado.

En primer lugar, y sin hacer spoilers, el tráiler es muy engañoso, haciéndonos creer lo que no es, tergiversando la trama hasta darle totalmente la vuelta. En segundo lugar, cuando vamos a ver una película de Godzilla todos esperamos ver al monstruo o monstruos en acción, impresionante y enorme. En esta película vamos a tener que esperar casi una hora para ver el monstruo… y además lo veremos parcialmente. La mayor parte de las ocasiones lo veremos a través de una pantalla como la televisión de un centro comercial, los monitores de una base militar, etc. Y en otras sólo lograremos vislumbrar partes de su anatomía entre todo el humo y polvo que levanta la pelea, o entre dos edificios que nos ocultan la mayor parte de la bestia.

Godzilla: vino, vio pero no venció

Entiendo que se usen ciertos “trucos” para ocultar al espectador las deficiencias en los efectos especiales, como que la acción transcurra de noche o bajo la lluvia o las dos cosas a la vez. Pero en esta ocasión la paleta de colores utilizada (gris y marrón, normalmente) oscurecen la acción haciendo que en ocasiones sea casi imposible ver nada. No obstante, hay que decir que, por suerte para nosotros, al final de la película sí podremos ver a Godzilla y sus amigos de forma mucho más clara, pero hemos tenido que esperar unas dos horas.

¿Y qué vemos durante esas dos horas? Pues, básicamente, las aventuras y desventuras de la familia Brody, sobre todo las de Ford Brody (Aaron Taylor-Johnson). Y este es otro de los mayores problemas de la película, sus personajes humanos. Cuando el protagonista absoluto debía ser Godzilla (como lo era en las primeras películas), aquí se nos lleva de la mano de los personajes humanos, hasta el punto de que este Ford Brody parece ser nuestro representante virtual en este videojuego bélico y de catástrofes que es, al final, esta versión de Godzilla.

Godzilla: vino, vio pero no venció

Porque ese es el resultado de la película: representantes virtuales, avatares, iconos… humo. Al final lo que nos queda es un gran y reconocible icono cinematográfico que no han sabido aprovechar. Supongo que al escribir el guión (de Max Borenstein, sobre una historia de David Callaham) se preguntaban cómo lograr que el público se preocupara de los seres humanos que se encuentran atrapados en medio de la furia de estas bestias. Y no lo han logrado. No conseguimos empatizar con ninguno de ellos (repitiendo el mayor error de Emmerich, centrarse en caracteres humanos banales): Ken Watanabe se limita a ser el típico japonés estoico e inmutable, mirando abobado mientras apenas dice dos frases, alguna con cierta relevancia; Aaron Taylor-Johnson se limita a correr observando al monstruo, o pastoreando niños perdidos para llevarlos a una zona segura, la más cursi y tópica estratagema de intentar crear una conexión con el espectador. Eso sí, Ford Brody es el único superviviente de un gran convoy de soldados y, además, ¡el único experto en desactivación de bombas que está disponible en el ejército en toda Carolina del Norte! El único con el que podríamos conectar es con Bryan Cranston y solamente al principio de la película. Así, finalmente tenemos dos horas de un paquete con un bonito envoltorio, pero sin ningún contenido relevante.

Godzilla: vino, vio pero no venció

Pero entendedme, la película no es un fracaso total: es entretenida y (repito, muy al final) podemos disfrutar de Godzilla, con unos muy logrados efectos especiales. Pasaremos un buen rato, pero sólo si somos pacientes y aguantamos.

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