19 septiembre 2014 Comedia, Críticas, Estrenos

La Gran Seducción: Doctor en Canadá
Los habitantes de Tickel Cove, un pueblecito costero de Canadá se ven obligados a vivir de subsidios. Su destino puede cambiar cuando una empresa pretende instalar una pequeña fábrica, pero con una condición: que el pueblo tenga un médico residente.

Los habitantes no lo ven posible, pero pronto se enteran que un joven doctor deberá pasar un mes en el pueblo. Conscientes de su única posibilidad, deciden convertir el pueblo en el lugar ideal para convertirse en el hogar del médico. Así empieza la gran seducción.

Esta divertida y tierna fábula nos habla de lo que un grupo de gente está dispuesto a hacer para conseguir no sólo un trabajo, si no todo lo que ello conlleva. Los habitantes del pequeño y encantador pueblo costero llevan tiempo viviendo (malviviendo) con el subsidio de desempleo. No es la escasez de dinero lo que corroe sus almas, ya que son gente sencilla, con gustos sencillos y pocos o ningún lujo.

Lo que a los habitantes de Tickel Cove, y en especial a su carismático protagonista, les llena de amargura es no poder ganarse dignamente el dinero que han de llevar a su casa. Todos son viejos pescadores, habituados desde niños a esforzarse en la dura jornada y llegar a casa cansados pero satisfechos y, sobre todo, orgullosos de sí mismos.

La Gran Seducción: Doctor en Canadá

Remake de la película del también canadiense Jean-François Pouliot de 2003, es inevitable recordar aquella serie televisiva donde un joven e ingenuo doctor cosmopolita llegaba con sus palos de golf a un apartado y extraño pueblo en lo más profundo de Alaska. Como aquél, el nuevo doctor es obligado a quedarse en un territorio que es todo lo contrario a sus gustos: está acostumbrado al éxito, al dinero y los lujos (es un talentoso cirujano plástico, muy popular entre los famosos). Todos sus “encantos” de chico mono de ciudad no valdrán de nada en este pequeño pueblo. Pero muy al contrario que el Doctor Fleischman, aquí el pueblo se desvivirá para convencerle, en un mes, de que Tickel Cove es el Paraíso.

La Gran Seducción: Doctor en Canadá

Más allá de las diferencias meramente superficiales entre ambos doctores (como su deporte favorito), la principal es que nuestro doctor sabe que su “condena” es de apenas un mes, e intenta pasarlo lo mejor posible. Por desgracia para él, su vida en la gran ciudad continúa sin él, lo que le empuja a la decisión final. Taylor Kitsch, interpreta correctamente a un doctor Lewis al que en seguida le tomamos cariño, pero que no puede hacer mucho con el papel que le dan, una mera comparsa para los principales habitantes del pueblo, un encantador grupo de bonachones ancianos, simpáticos y enternecedores, encabezados por Brendan Gleeson, pero que no dudarán en engañar, timar, espiar e incluso robar para conseguir su objetivo: recuperar su forma de vida.

La Gran Seducción: Doctor en Canadá

De eso nos habla esta obra. Al final (sin spoilers, aunque os podéis imaginar cómo acabará) deberán elegir entre ser fieles a sí mismos o engañar a alguien que les ha aprendido a querer. Por supuesto, la primera opción hará que desaparezcan las esperanzas laborales del pueblo. Pero esto es una fábula y, como tal, tendrá un final con moraleja y, por supuesto, feliz. Tan feliz que en todas las casas se respira alivio y se oyen los gemidos de felicidad.

La Gran Seducción: Doctor en Canadá

Historia tierna y optimista, muy bien acompañada de una suave y alegre música que hará que pasemos un buen rato en el cine y, lo que es más importante, que salgamos con una sonrisa en los labios.

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