28 enero 2012 Comedia, Estrenos, Noticias, Opinión

Se puede decir sin ningún tapujo. Jim Henson es uno de los genios audiovisuales más originales del siglo XX. Un creativo sin parangón adelantado a su tiempo, comparable de manera directa con Walt Disney. Por supuesto, su nombre es conocido como el creador de Barrio Sésamo, Fraggle Rock, Dentro del Laberinto, Cristal Oscuro y El Cuentacuentos, pero si posee una franquicia reconocible, esa es la de Los Muppets. Desde siempre vistos desde la simpleza de los españoles como unos títeres para niños, su creador los atisbó como los protagonistas de un show para adultos -pero sin faltar el respeto a los infantes-, y así lo dejó claro durante toda la andadura.

Conocidos durante décadas en nuestro país como Los Teleñecos, Gustavo, Peggy y su banda regresan al cine esta semana con su séptima película cinematográfica, un relanzamiento de los carismáticos personajes diseñado por el nostálgico forofo Jason Segel. Una cinta que tanto crítica (RT, 96%; MT, 75%) como público han abrazado y que recupera lo mejor del estilo, el humor y las sensibilidades que define a los Muppet. Por eso, éste es un momento ideal para echar la vista atrás y rememorar sus clásicos momentos en el celuloide, alguna cinta que es todo un hito y otras mucho más olvidables, creadas en la época tras la muerte de Henson, previa a la absorción del sello por parte de Disney.

Los Teleñecos van a Hollywood: La Película (The Muppets Movie,1979)

Metatextual y divertida como pocas, después de cuatro años de emisión del clásico Show de los Teleñecos, los personajes echaban la mirada atrás para rememorar sus primeros tiempos en el competitivo Hollywood. Presentada como una película de carretera donde Gustavo va reclutando a sus nuevas amistades, la cinta sentaba las bases de lo que sería el cine Muppet. Humor surrealista, caótico y para toda la familia, divertido y entretenido pero sin rebajarse a hacer una película sin argumento ni ideas como hacen muchas de las películas clasificadas como aptas para los niños. Nada de humor soez, ni pre-escolar. El objetivo de Jim Henson nunca fue llevar a los niños a tropel al cine, sino convencer al público generalista estadounidense de que las marionetas podían divertir también a mayores. Su objetivo lo había dejado claro en el original e irrepetible programa de variedades televisivo, y ahora lo volvía a alcanzar en el celuloide. Su inspiración: las visitas a los teatros de Europa del este, donde había comprobado que los adultos reían con los títeres igual, o más, que los propios chavales. Cada uno sacaba una lectura distinta de la historia, y la película se mantiene tan icónica y cautivadora como la primera vez, capturando todavía a todo tipo de audiencia.

A esas alturas, todo Hollywood quería aparecer en una película de los Muppets. Así, dirigida por el desconocido James Frawley, la historia contaba con cameos de Mel Brooks, Elliot Gould, Steve Martin, Madeline Kahn, Bob Hope, James Coburn, Richard Pryor, Cloris Leachman e incluso con Orson Welles en el colofón final. Todos perfectamente medidos y colocados. Algunos, haciendo los roles de sus carreras. Por no hablar del villano perfecto: un Charles Durning relamiéndose con la idea de probar las ancas de rana de Kermit. Por si esto no fuera suficiente, entre los que manejaban los muñecos nacerían dos directores emergentes, que tomarían buena nota de todo lo que Henson les había enseñado. Ni más ni menos que Tim Burton y John Landis estaban detrás de algunas de las marionetas.

Los Muppets conseguían de esta manera afincarse en Hollywood gracias a su primera nominación al Oscar. La icónica The Rainbow Connection, compuesta por Paul Williams y Kenny Ascher, llevaría a Miss Peggy a presentar la gala al lado de Johnny Carson y, aunque esa noche perdiera frente a Norma Rae, quedó para la historia una legendaria sonata que llegaría al corazón de cualquiera. Una que han adaptado Willie Nelson o Sarah McLachlan, quienes nunca podrán a llegar a capturar el alma de hombre normal y sencillo que alcanzaba Gustavo en esta partitura con banjo. Williams perdió esa noche también su segunda categoría, la de mejor banda sonora. No obstante, The Muppets Movie quedó como doble nominada. Algo por lo que nadie habría apostado si pensaran en un film infantil lleno de animales de felpa.

El Gran Golpe de los Teleñecos (The Great Muppet Caper, 1981)

La rompedora idea del primer film había sido sobradamente exitosa. Henson y su pandilla habían alcanzado los 65 millones de dólares en la taquilla doméstica. Lo que hoy se traduciría, al calcular según inflación, en una cifra superior a los 200 kilos. El creativo había logrado atraer hacia su idea a pequeños y mayores, pero dos años después su deseo era hacer algo nuevo para la secuela. Si algo odiaba Henson era venderse y repetirse, así que creó desde las cenizas un producto completamente distintivo. Todo lo que tenía que mantener era el corazón y el alma que había insuflado a sus muñecos, que mostraban comportamientos humanos y cuyos sentimientos hacían que nos olvidáramos de las personas que las controlaban fuera de plano. Su interpretación era más creíble -y tenía más expresión- que la de muchos actores de carne y hueso de los 80, y los guiones eran tan divertidos y dinámicos como los de las mejores películas de aventuras de esta década marcada por el entretenimiento puro y duro. Los Teleñecos además se convirtieron en una pieza indispensable para entender la revolución que la comedia vivía esos años, gracias a la primera escuela de Saturday Night Live (donde las criaturas de Henson tuvieron un rol regular), el éxito de Ivan Reitman, Landis y Mel Brooks y los primeros pasos de David Letterman.

http://www.youtube.com/watch?v=_Qia4A6GhNA

Jim Henson se sentaba esta vez en la silla de director para convertir a sus creaciones en un trío de periodistas perdidos en Londres -donde se había rodado El famoso Show- para resolver un misterioso robo. Allí se entrecruzaría una complicada historia de amor y la creciente locura habitual de la mano de un grupo cada vez más multitudinario. Gustavo y Peggy eran protagonistas, pero Gonzo, Fozzie, Statler y Waldorf (los viejos del palco) y la banda The Electrick Mayhem cada vez eran más indispensables. Cada uno tenía su personalidad y aportaba una pieza al universo Muppet. Las canciones seguían siendo componente fundamental, sobre todo la sonata introductoria que, saltándose la cuarta pared, presentaba a los personajes al público -como en los grandes musicales del Hollywood clásico- y a la pegajosa The First Time It Happens, que volvió a clasificarse para los Oscars con su presentación reminiscente de otros grandes números de antaño. Tampoco podemos olvidarnos de cameos tan notables como los de John Cleese, Peter Ustinov, Peter Falk (el mítico Colombo poniéndose muy meta) y Jack Warden. De la mano de chistes recurrentes como el de confundir a los gemelos Gustavo y Fozzie, ésta es posiblemente la cinta de los Teleñecos más redonda de todas.

Los Teleñecos conquistan Manhattan (The Muppets Take Manhattan, 1983)

La primera fue una road-movie. La segunda, algo cercano al género heist. A favor de la variedad, y demostrando que se podía hacer casi cualquier cosa con personajes de felpa, Frank Oz recuperó para el final de la trilogía original sus mejores baza, el humor y las canciones, para crear una comedia musical sobre el mundo del espectáculo con una pizquita de romanticismo. El responsable de ceder sus cuerdas vocales a Peggy, Animal y Fozzie se presentaba así como un director a tener en cuenta en Hollywood, donde, más allá de los Teleñecos, acabaría poseyendo un nombre por sus propios triunfos en la gran pantalla (incluso como doblador de Yoda).

Tan vital, absurdos y rápidos como siempre, Los Teleñecos se gradúan en la universidad para saltar directos a Nueva York, donde completar sus sueños y llegar hasta Broadway. Además de incluir una guinda del pastel con formado de boda que cierra de manera magistral la impoluta trilogía -y a la que se hará referencia en la nueva cinta-, los personajes se rodean, por supuesto, con los habituales cameos, y con la casi obligatoria nominación al Oscar por su banda sonora. Por las pantallas pasearon esta vez Joan Rivers, Liza Minnelli, Gregory Hines, Elliott Gould, una jovencísima Brooke Shields, el alcalde de Nueva York Ed Koch y un John Landis de regreso a sus orígenes.

Demasiado pronto, en 1990, Jim Henson murió, y, pese a conducir variados especiales, nunca volvió a llevar a Los Teleñecos a la gran pantalla. En este tiempo, patrocinó pequeñas grandes joyas como las ya mencionadas Dentro del Laberinto, Fraggle Rock y El Cuentacuentos, y dejó el germen para la sitcom prehistórica Dinosaurios. Uno de los recuerdos más geniales: el sentido homenaje de sus compañeros en su funeral. Esperemos que algún día, Hollywood se atreva a trasladar el aplaudido libreto sobre su vida a la gran pantalla.

Henson, sobre todo, dejó atrás un legado infinito que, pese a tener sus altibajos durante las décadas subsecuentes, repasaremos en la próxima entrega de este especial que se anticipa al esperado estreno de Los Muppets, que vendrá de la mano de un grupo que creció con el sentido del humor del talentoso genio. Sin gota de CGI, y con la calidad de la felpa, el 4 de febrero Los Teleñecos (digo… Muppets) vuelven a aterrizar en nuestras pantallas.

(Continuará…)

También te puede interesar

Comentarios

Enlaces y trackbacks

  1. Bitacoras.com 29 enero 2012
  2. Historias del cine Muppet: Segunda Parte, la noventera trilogía tras la muerte de Jim Henson 5 febrero 2012

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *