3 mayo 2010 Acción, Aventura, Críticas

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Hace ya dos años (cayendo en el tópico, parece que fue ayer) llegó a los cines Iron Man, un supertipo al que sólo los más forofos de los cómics -hordas de marvelzombies- conocíamos y que venía avalado únicamente por ser la primera producción propia de Marvel pero, sobre todo, por un carismático Robert Downey Jr., dispuesto a resurgir de las cenizas y preparado para convertirse al fin en la estrella con todo Hollywood a los hombros que siempre proyectara ser. Y la estrategia funcionó a las mil maravillas, Jon Favreau preparó una de las mejores películas de superhéroes de toda la historia, que sólo con ser vitalmente entretenida superaba a la mayoría de films de acción hechos en este siglo, donde el género sigue a la deriva por fenómenos como Transformers.

Iron Man 2 intenta no aburrirnos en ningún momento y mantener el buenrollismo que la primera destilaba, comenzando en el instante justo donde la anterior acababa, con la ya clásica revelación de “Yo Soy Iron Man” y un status quo por completo diferente, un interesante giro argumental que presenta a un Stark famoso mundialmente no dejándose de jactar por haber conseguido la paz mundial. Desde el primer segundo, y con estas conexiones, notamos que la película va a ser una continuación lógica, otra divertida obra con los mismos personajes y el enfoque de la primera, a caballo entre la comedia y unas tramas construidas con inteligencia, pero que ahora no nos pillan por sorpresa.

Robert Downey Jr. Sigue siendo Tony Stark encarnado, y a Stark sólo lo vemos como Downey. Ésta continúa siendo la piedra roseta del metraje, el punto central alrededor del que gira el universo y sin el que la película no podría sobrevivir, y más en una saga como ésta, guiada por la improvisación interpretativa, como bien dejan notar los diálogos rápidos y las declaraciones de sus encargados en diversas entrevistas. Una película de actores que se vale del carisma y del buen hacer de éstos para conformar el entretenimiento continuo, en una historia que, esta vez, es un entramado de subtramas que confluyen, pero que a veces puede resultar apabullantes. No hay momento para el descanso, cosa que en ocasiones lleva a que pensemos que se ha querido saturar sus dos horas de metraje, ya no sólo introduciendo a dos villanos de tendencias opuestas sino también un adelanto de lo que está por venir en el Universo Marvel, un enorme tráiler de lo que veremos en Los Vengadores y, por supuesto, la evolución de los personajes establecidos, con nuevos trajes (directos a vender más muñequitos) y funciones. Sirve perfectamente para describir aquello de “no te levantes de tu sitio o te lo vas a perder”.

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Los efectos especiales, como viene siendo lógico, están a la última y sirven también para dar una mayor espectacularidad a unas escenas de acción reprochadas a Favreau en la primera, por ser demasiado sosas. Esta vez todas ellas son enormes, llegando hasta el culmen final donde todos los frentes están abiertos y la acción corre a raudales. El director parece haberse relajado más en los aspectos que ya tenía pulidos (diálogos, entretenimiento, la trama, la construcción de personajes…) para volverse mejor en la acción y los bombardeos, que si antes paseaban por Afganistán ahora llegan hasta la mucho más glamurosa Mónaco.

Pero en sí, y como hemos dicho con anterioridad, la película y su argumento se sustenta en los personajes y los actores que los interpretan, que sirven para desperdigar la avalancha de tramas por todos los frentes. Gwyneth Paltrow vuelve a cumplir con delicadeza su rol de niñera a la sombra de Downey Jr., tanto en la ficción como en la realidad, mientras que Don Cheadle consigue hacer evolucionar a Rhodes y olvidarnos por completo de un Terrence Howard que nunca tuvo tiempo de enfundarse en el traje. Como villano, Mickey Rourke es extraño, un personaje que da miedo pero que al mismo tiempo parece una caricatura bad-ass rusa de la venganza. Logra cautivar y definir a un Ivan Vanko que se lleva a su terreno y con el que mamonea a un Sam Rockwell convertido en la diana de las risas y burlas (sin llegar al punto de Los Ángeles de Charlie, al menos). El protagonista de Moon se enfrenta a un rol muy diferente en su carrera, quitándole toda la seriedad a las que nos tiene habituado, y el resultado nos demuestra que parece habérselo pasado al menos muy bien rodando, donde incluso puede tener a su pareja (Leslie Bibb regresa como la periodista lagarta de turno) en brazos.

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Samuel L. Jackson (al que ya vimos en los créditos finales de la anterior) y Scarlett Johansson, sin embargo, sólo están hay puestos por Marvel para allanar el terreno hacia Los Vengadores, para soltar conexiones que hagan enloquecer a los más fans y esperar a la retaíla de cintas en las que se disponen a participar. Por lo pronto nos hacen participes de dos de los objetos más importante para la mitológica del grupo, uno tras de los créditos, eso sí.

En conjunto, la película resulta un entretenimiento de lo más aceptable, como era la primera, y en una época donde estamos cansados de ver películas denominadas como “de entretenimiento” pero que ni siquiera nos dan eso, se agradece que no se nos tome por tontos. Con esto en la mano, y teniendo en cuenta sus fallos, la audiencia tiene el consuelo de que los personajes llegan, y, aún no teniendo tantas ganas por ver una continuación como lo hacía en su primera entrega, sí deseamos comprobar cómo saldrá el experimento vengador, con el que la compañía de cómics y productora de cine se juega tanto. No obstante, la sombra de todo lo que le rodea y de su predecesora pesa igual que la sombra de su padre en Tony Stark y ahora requerimos más que hace años, más cuando las películas de supertipos mejoran en su secuela gracias a evitar los siempre engorrosos orígenes. Con ganas esperamos por ver la culminación de la llegada de villanos como El Mandarín (sobre el que se hacen referencias en ambas partes) y arcos como Demonio en una Botella, que aunque parezcan chocar con el aire despreocupado, real y ligero que se le ha querido imprimir a la saga pero a las que se les hace un indudable guiño en ésta. Esperemos encontrarnos con todo, pero que las tramas vengan ordenaditas y sin prisa por meterlo todo a la vez, todavía hay mucho jugo que exprimir.

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