23 septiembre 2008 Actores

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Para que todos descansemos un poco del ajetreo festivalero he recopilado una serie de anécdotas cinematográficas; es posible que algunas las conozcáis, pero otras seguro que os sorprenderán.

El gran actor Spencer Tracy definía su modelo interpretativo de la siguiente manera: “solo debo aprenderme el guión y no tropezar con los muebles”; algo similar comentaba John Wayne al afirmar: “a nadie le gusta como actúo, salvo al público.

Ningún actor nació siendo una estrella, Clark Gable por ejemplo arreglaba teléfonos, Rock Hudson era cartero, Harrison Ford carpintero (y muy bueno, por cierto) Charles Bronson, el duro por excelencia, fue minero en Pensilvania, Michelle Pfeiffer cajera de supermercado…

Pero los oficios que se ganan la palma por lo pintoresco son los de Sean Connery, que enceraba ataúdes, y Sylvester Stallone que cuidaba leones.

Es de sobra conocida la enemistad entre las dos divas del viejo Hollywood: Bette Davis y Joan Crawford; en una escena durante el rodaje de ¿Qué fue de Baby Jane? (1962) de Robert Aldrich; Bette Davis golpeó con tal fuerza a la Crawford que le produjo una brecha que requirió de tres puntos de sutura.

Seguiré hablando de la actriz Bette Davis que en 1949 provocó una anécdota que pasó a la historia cuando publicó un anuncio en el New York Times buscando trabajo; curiosamente ese mismo año fue contratada para el papel de Margot en “Eva al desnudo”.

Fueron curiosas exigencias contractuales la que impedía a Maurice Chevalier perder su nativo acento Frances o obligar a Joan Crawford a acostarse a determinada hora, por no hablar del mejor Tarzán de todos los tiempos: Jhonny Wesmuller al que se le prohibía engordar.

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Dos sorprendentes datos económicos; la rutilante estrella de la metro Robert Taylor, protagonista de la mítica “Caravana de mujeres” firmó en 1934 un contrato por la friolera de 35 dólares semanales; aunque peor lo tubo Sylvester Stallone que cobro 25 camisetas por su primer papel en el cine.

Por último una leyenda que aun se comenta por Hollywood afirma que el oscar concedido a Marisa Tomei por ”Mi Primo Vinny” (1993) fue en realidad un error de Jack palance al pronunciar el nombre de la ganadora a la mejor actriz secundaria, que por cierto tenía como favorita a Miranda Richardson por su papel en “Herida”.

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Se dijo que el célebre malvado de “Raíces profundasJack palance había errado a causa del alcohol. Por supuesto esta leyenda es absolutamente falsa; de haberse producido ese equivoco hubiese sido rápidamente subsanado por la academia.

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