10 febrero 2009 Actores, Opinión

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En 1986 una película irregular, bastante floja en general, cautivó al público mundial. El interés que levantaba la cinta era muy simple: dos actores que mantenían una relación bastante subida de tono, dos actores en la cumbre en una película erótica. La actriz era Kim Basinger y el actor un conocido guapo de Hollywood, Mickey Rourke. Se trataba de 9 semanas y media un film mediocre que se hizo más famoso de lo habitual gracias a sus dos protagonistas.

Mickey Rourke, comenzó su carrera como actor con Steven Spielberg en la película 1941 allá por el año 1976. Un actor guapo, joven y con ganas de triunfar. Criado en las calles, en los barrios más bajos de Miami, Liberty City se convirtió en la experiencia de un pequeño niño que vivía junto a sus hermanos. En un mundo donde compartía compañía con drogas, prostitutas o delincuentes, el carácter de Rourke se fraguó aún más cuando conoció que su hermano con 17 tenía cáncer y moriría seis meses después del diagnóstico.

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Todos estos altibajos en su vida se ven reflejados en sus películas. Cuando comenzó como actor el público veía en él un actor duro pero sensible, con una cara diferente al resto de los actores de la época, y con un físico envidiable. Películas como Fuego en el cuerpo (1981), La ley de la calle (1983) o Manhattan Sur (1985) empezaron a fraguar el mito de Mickey Rourke.

Pero el ser una estrella pesó demasiado sobre el actor, y primero, la elección de películas en las que no supo demostrar sus dotes interpretativos, además de ser auténticos batacazos tanto en taquilla como para la crítica, y segundo, sus aficiones, sobre todo al boxeo y algunas sustancias, consiguieron que la imagen de tipo guapo se fuera diluyendo poco a poco. Películas tan dispares como Orquídea Salvajes (1989), 37 horas desesperadas (1990) o Double Team (1997) convirtieron al actor promesa en actor olvidado.

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Algo ha cambiado en estos últimos años, desde que en 2001 realizara junto a Jack Nicholson El juramento, dirigida por Sean Penn, y más aún cuando participó en El fuego de la venganza o Domino, que sin ser ambas grandes películas, presagiaban un cambio en el actor, una vuelta a sus papeles más sobrios. Esto se hizo absolutamente palpable con la que seguramente fue la cinta que realzó su carrera, quizás motivado por un cambio de actitud del propio actor por rehacer no solo su carrera profesional, sino su propia vida. El film fue Sin City en 2005. Un film cuyo único interés se centra en su estética, y sobre todo en darle un papel idóneo y acorde con sus registros al actor. Mickey Rourke realiza una interpretación sublime que refleja no solo lo que su personaje requiere, sino que encontramos algún atisbo de su propias experiencias personales; el querer volver a ser lo que era, el cambio hacia una nueva vida.

Actualmente, Rourke, ha vuelto a ser aquél actor que sorprendió al mundo con su cara bonita y sus buenas interpretaciones, -véase Réquiem por los que van a morir o El corazón del ángel, ambas con una soberbia interpretación del actor-, y por la dureza de sus papeles. Con The Wrestler del controvertido Darren Aranofsky, Mickey Rourke vuelve más grande que nunca encarnando a un viejo luchador, que más bien se está interpretando así mismo. Entre otras menciones ya se ha hecho con el galardón de mejor actor dramático en los Globos de Oro y hace unos días también en los BAFTA.

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El viejo rockero está de vuelta, el luchador ha emergido de entre las sombras para renacer y culminar una carrera plagada de actuaciones memorables con la ansiada estatuilla, que no busca más que el mero reconocimiento y la propia paz del actor. Como dato decir que tendremos Rourke para rato ya que tiene proyectos para los próximos años como Sin City 2, The Expendables o 13.

Imágenes l image.net

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