5 julio 2008 Aventura, Críticas, Drama

Las Cronicas de Narnia: El Príncipe Caspian

Ya se sabe que aquel dicho de que “segundas partes nunca fueron buenas” tiene mucha razón, en esta ocasión Las Crónicas de Narnia: El Príncipe Caspian cumple todos los despropósitos augurados para esta secuela. Obviando el echo del rancio parecido al Señor de los anillos, vemos como premian las batallas en un título que en su primera parte iba más enfocado a un publico infantil, lo que no quiere decir que no puedas incluir una batalla final. En esta ocasión parece ser que han querido acercarse a otro tipo de público, y se han acercado más al abismo taquillero.

La trama es un despropósito desde cualquier perspectiva, es cierto que no pierde sus dosis de entretenimiento popular, pero durante el desarrollo tiene momentos realmente aburridos, situaciones un tanto desconcertantes y lagunas en el guión muy descaradas. Que conste que me encantó la primera parte, ya sea por su magnífica puesta en escena de un mundo mágico o por su cierta originalidad. Esta vez tanta batalla nubla el argumento, haber cuando alguien en Hollywood se da cuenta que por más efectos especiales, escenas espectaculares y gran numero de batallas no tendrás un producto mejor.

Es mucho más oscura, pierde esa magia que la rodeaba en un intento de Disney de acercar a los adolescentes al cine que solía hacer. Si la primera parte parecía ser llevada por un genio de la lírica, en esta ocasión parece que un técnico infográfico es el encargado de la ejecución, perdiendo esa esencia de mundo fantástico. Quiero dejar algo claro, si buscas acción y un rato divertido, es en cierto modo entretenida, pero esperaba más de esta segunda parte.

Con un presupuesto de 250 millones de dolares y después de su despropósito en taquilla, solo 138 millones en USA y 137 millones en el resto del mundo han provocado el retraso de la pre-producción hasta enero de The Chronicles of Narnia: The Voyage of the Dawn Treader, tercera parte de la saga. Habrá que esperar para ver que hace Disney con la tercera parte.

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