5 diciembre 2013 Drama, Estrenos

Le Weekend, siempre nos quedará París ¿o no?

Nick y Meg son un matrimonio que ronda los sesenta años, profesores los dos. La pareja decide viajar a París para pasar un fin de semana romántico que reavive su largo y algo marchito matrimonio, pero ahora ya no ven la ciudad con los ojos de entonces.


La pareja se propone disfrutar de París y, a ratos, también el uno del otro, capeando los estallidos, a veces cómicos, a veces dolorosos, que surgen de las tensiones que arrastra su matrimonio. Terminan discutiendo sobre el sexo, sus hijos y las dificultades para seguir juntos.

Le Weekend, siempre nos quedará París ¿o no?La primera noche quedan con Morgan, un amigo americano de Nick de cuando estudiaron en Cambridge. Morgan los invita a una cena para celebrar la publicación de su último libro. Allí, Nick y Meg se sienten cohibidos entre tanta gente triunfadora y glamurosa que parece sentirse muy a gusto con ella misma y su vida en París.

Le Week-end es el tercer largometraje que une al director Roger Michell con el guionista Hanif Kureishi y como la trilogía de Linklater que terminó con Antes del anochecer, esta es una obra en la que priman los diálogos, donde el guión es vital y, en este caso, es un guión maduro e inteligente que no cae en lo fácil. La madura pareja mantiene una relación muy compleja. Vemos a Nick y a Meg tener sus más y sus menos: se ríen juntos y discuten, disfrutan del momento y reflexionan sobre algunos de los momentos más difíciles de su prolongado matrimonio, vemos cómo se aman y casi se odian a la vez. Es un logrado retrato de una pareja cuya mutua irritación mutua se compensa con momentos de profundo amor y complicidad.

La catarsis que hace explotar esta relación es el personaje de Jeff Goldblum, un académico a la vez ridículo y admirable, cuyo renacimiento profesional y personal (con su nueva y joven esposa francesa) hace que Nick analice sus valores y su matrimonio con Meg, mostrándonos que hay un momento en la vida en que nos preguntamos dónde estamos, qué hemos conseguido…

Pero aunque las interpretaciones, sobre todo de la pareja protagonista, son excepcionales, la película no logra atraparnos totalmente. La mayor parte de la culpa la tiene el personaje de la impulsiva Meg, veleta e inconstante, con unas reacciones más propias de una inconsciente quinceañera que de una profesora de instituto a punto de jubilarse. Y es porque el guión no llega a tener claro qué quiere reflejar en ella, mientras que el personaje de su marido, Nick, sí que es creíble y consistente en su evolución. Aunque ambos tienen miedo al “nido vacío”, es a él a quien le aterroriza quedarse solo, pero al mismo tiempo tiene miedo de estar a solas con su mujer porque no sabe qué decirle, cómo volverla a conquistar. Por miedo a que se aburra de él.

En resumen, una agradable película que nos hará reflexionar sobre cómo encaminamos nuestra vida, sobre las largas relaciones y cómo mantenerlas sin aburrirnos (de nuestra pareja y de nosotros mismos), que nos muestra el desencanto propio de la edad y los sueños no conseguidos. Pero que podía haber llegado a ser mucho más redonda y completa. Sin llegar a ser mala en absoluto, el público puede tener la misma relación con la película que los personajes principales tienen entre sí: a veces exasperante, a veces aburridos, a menudo cariñosos.

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  1. Bitacoras.com 5 diciembre 2013

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