26 diciembre 2014 Drama, Estrenos

Leviatán: el individuo devorado por la sociedad
“¿Sacarás tú a Leviatán con anzuelo, o sujetarás con cuerda su lengua? (…) He aquí, falsa es tu esperanza; con sólo verlo serás derribado (…) Nada en la tierra es semejante a él, que fue hecho sin temor. Desafía a todo ser altivo; él es rey sobre todos los hijos de orgullo.” (Job, 41)

Llega a nuestras pantallas una de esas películas que gusta ver a cualquier cinéfilo, una película que se escapa del cine comercial al que estamos acostumbrados para regalarnos una forma de narrar que, en nuestro desconocimiento, creíamos extinto.

Leviatán: el individuo devorado por la sociedadEs una de esas películas atípicas por varios motivos. Es atípica porque no proviene del manido Hollywood, ni siquiera de la familiar Europa. Es una película contemporánea rusa, totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados.

También se diferencia por la forma de narrar y la plasticidad de sus escenas. Nos encontramos ante largos y pausados planos, tanto planos medios de los personajes como expresivas panorámicas del paisaje, que llega a convertirse en un personaje más que, sin hablar, enriquece la historia que nos cuenta el director.

El tema no es demasiado extraño: un hombre normal y corriente va a ser expropiado por el gobierno municipal y un amigo de la infancia, ahora abogado en Moscú, viene al pequeño pueblo costero para defenderle ante la injusticia que quieren cometer con él.

A partir de este trivial suceso tendrán lugar una serie de acontecimientos que llevarán a nuestros protagonistas a una catástrofe que, no por menos real es menos dramática. Mientras, lo que pasará será la vida: amor, corrupción, violencia, impotencia…

Andrey Zvyagintsev nos arroja en la cara un trozo de realidad que, precisamente por ser tan real y cercana, duele y hace que empaticemos con el sufrimiento de algunos personajes, incluso aunque no entendamos su comportamiento en algunos casos.

Veremos como los protagonistas obtienen pequeñas victorias y grandes derrotas, que luchan contra el enemigo, mucho más grande y cruel (el simbólico Leviatán del título) y que, por tanto, siempre vencerá. Por la pantalla (y nuestros ojos) pasarán casi todos los estamentos de la sociedad: los trabajadores, el clero, los políticos, la policía… Y, como ha ocurrido desde la Revolución Francesa, todos estarán unidos en contra de la plebe.

Leviatán: el individuo devorado por la sociedad

Pero también es una tierna historia de emociones a flor de piel, de engaños y traiciones, y de amor y perdón. Donde veremos reflejados varios de nuestros miedos y debilidades. Posiblemente ésta sea la intención del director, contarnos una historia personal, de individuos enfrentándose a contrariedades que le sobrepasan, a gigantes como la mítica bestia. Pero el espectador no puede evitar descubrir en esta historia un amargo retrato de la sociedad actual, no exclusiva de Rusia.

No es una película para todo el público. Independientemente de que el tema nos atraiga o no, su factura es difícil, de un paso largo y lento, que nos permita contemplar el paisaje y, mientras, reflexionemos sobre lo que hemos visto, sobre nuestra vida.

Leviatán: el individuo devorado por la sociedad

Su ritmo medido, contenido, no será soportable por el espectador medio, acostumbrado a ritmo de videoclip con destellos y explosiones. Esta es una película para ver tranquilamente, para degustarla a pequeños sorbos (y no como hacen los personajes con el omnipresente vodka). Una película para ver a su ritmo y, sobre todo, dejarla reposar tras el amargo final (como el vodka, de nuevo) y reflexionar sobre lo que hemos visto.

Una de esas películas que no debemos dejar escapar, que debemos agradecer a la distribuidora que lleguen a nuestras pantallas y que seguramente esté poco tiempo en cartel, por lo que os aconsejo que vayáis a verla. Luego ya nos contaréis qué os ha parecido.

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