5 marzo 2012 Críticas, Terror, Thriller

Luces Rojas podría haber sufrido, sin demasiadas dificultades, algunos de los grandes males habituales del thriller. Gracias a la buena mano del creativo y valiente Rodrigo Cortés, sin embargo, se libra de manera solvente de ellos. Las maniobras argumentales hacen que la trama no consiga superar la credibilidad de los más escépticos (al contrario de lo que ocurría en algunos de los tramos de Buried) y la historia se mantiene interesante e intensa en todos sus puntos. No obstante, Red Lights puede ser diagnosticada con otro mal clínico, menos habitual en el celuloide: la bipolaridad.

Tomando Psicosis como guía, el director español parte en dos mitades diferenciables la película. El suspense toma el volante de la primera, centrada en la investigación de una pareja de expertos que refuta diversas pantomimas paranormales. Pero, tras un duro golpe al protagonista y su mundo, el argumento toma un giro de 180 grados. La intriga, y la constante búsqueda del espectador de una respuesta lógica a las infinitas dudas que van apareciendo, es el motor de la segunda. Un colofón final trepidante y confuso que, por momentos, casi parece una ensoñación adrenalínica y nebulosa llena de paranoia al más puro estilo M. Night Shyamalan.

Uno de los espectadores que acude a ver el espectáculo psíquicos del personaje de Robert de Niro comenta después de salir al entreacto que no había acudido al teatro a ver la palabrería de un Hamlet, dado que solo quería disfrutar de la tensión, fuegos de artificio y un grandilocuente espectáculo. Aunque muchos espectadores irán al cine con esa idea y puedan sentirse decepcionados con la sosegada y meditativa primera pieza, esta parte es más redonda que la que le sigue. Una siempre imponente Sigourney Weaver y el nunca reconfortante Cillian Murphy se convierten en una especie de caza-fantasmas de lo normal, buscando mentiras y triquiñuelas entre lo más nutrido del mundillo. Allí se tropiezan con un (sin quererlo) hilarante Leonardo Sbaraglia, mientras que la figura de De Niro solo sobrevuela los sucesos, anticipando lo que vendrá.

El mítico actor interpreta al carismático espiritista Simon Silver, un personaje comedido y callado ceñido a su medida que regresa de su exilio tras una misteriosa desaparición. Su primera gran actuación es la que altera por completo el rumbo del film. Desde ese instante, Murphy toma la primera plana, la música cambia e incluso el montaje se vuelve más vital, frenético y menos pensativo. Los sustos se multiplican, el mensaje muta y las dudas aparecen a cada plano. Y, sin embargo, no podemos dejar de pensar que la cinta ha decidido tomar un rumbo demasiado usual. Uno que puede satisfacer más a la multitud en busca de emociones y de una “creíble” explicación paranormal, pero que no se sostiene como el primero. A veces, todo parece un simple sueño sin congruencia ni cohesión dramática, del protagonista o del espectador.

Casi de puntillas, pasan por estos momentos del metraje Elizabeth Olsen, Toby Jones, el joven Craig Roberts y una explosiva Joely Richarson, formados para avanzar la trama en momentos clave, pero sin demasiado que aportar.

En un giro al más puro estilo de El Protegido del mencionado Shyamalan (aunque Hitchcock siempre es el origen) , la resolución final, el prestigio, es tan engañoso como cualquier tercer actor resolutivo que se precie y, aunque los repentinos giros argumentales parezcan tener cierta lógica, también contradicen en parte lo que la obra decía querer transmitir en su origen. Un tanto forzado, pero sobradamente efectivo y sorprendente, la cinta se atreve incluso a tomar una tercera identidad. Una que, a estas alturas, es difícil de reconocer. Cortés quiso buscar una personalidad propia que nunca llegó a encontrar.

También te puede interesar

Comentarios

Enlaces y trackbacks

  1. Bitacoras.com 6 marzo 2012

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *