11 abril 2014 Drama, Estrenos

Miel ¿Hasta donde llegan nuestros principios?
Miel es el debut en la dirección de la actriz Valeria Golino, debut respaldado por una larga lista de premios a la directora, a la protagonista y al sonido, entre los que destacan la Mención Especial del Jurado Ecuménico del Festival de Cannes 2013, y Ganadora de 3 Nastri d’Argento al Mejor Nuevo Director, Mejor Actriz (Jasmine Trinca) y Mejor Sonido por el Sindicato Nacional de Críticos Italianos 2013.

En esta primera obra, la directora ha elegido un tema delicado y muy difícil de tratar en los medios, basada en una novela de Mauro Covavich, de total actualidad y bastante polémica.


Irene (Jasmine Trinca) tiene 32 años, es una mujer como tantas otras, vive sola y tiene sus historias ocasionales. Hace tres años que ha decidido dedicar su vida a personas en busca de ayuda, asistiendo y aliviando su sufrimiento, incluso cuando llevan a decisiones extremas, por eso su nombre en clave es Miel. Pero un día conoce al Sr. Grimaldi (Carlo Cecchi), un hombre de 70 años, en perfecto estado de salud, que tiene un “mal invisible”. La reunión entre ambos pondrá a prueba las convicciones de Miel, y provocará un fuerte debate entre los dos. Su relación se llenará cada vez más de implicaciones y ambigüedades emocionales. La vida de Miel cambiará para siempre.

Irene, Miel en su segunda identidad, lo tiene todo controlado: vive junto al mar (esas secuencias en las que se sumerge en las aguas la falta de silencio le dan la paz que busca, lejos de su trabajo), se acuesta con quien quiere cuando quiere, y está convencida de que lo que hace es ayudar a personas que lo necesitan.

Es entonces cuando aparece Grimaldi, un hombre que ha tenido una vida completa y rica y que solicita los servicios de Miel. Cuando descubre la verdadera razón que se esconde tras el deseo de Grimaldi, toda esa entereza moral se vendrá abajo, Irene ve su vida desde otro punto de vista muy diferente.
Miel ¿Hasta donde llegan nuestros principios?
En esta película no encontramos largos discursos o soliloquios que nos expliquen (innecesariamente) lo que sucede. No hace falta. Son los sonidos como la respiración o el agua al correr, la lluvia… o pequeñas secuencias con miradas y susurros las que logran que entendamos perfectamente lo que la directora quiere decirnos. Es una perfecta y bella narración visual que nos acerca a una fotogénica protagonista a la que la cámara parece mimar.

La directora nos define a Miel de forma que casi empatizamos con su forma de actuar. Pero la eutanasia no es sino una excusa para presentarnos a Miel, a Irene, y el momento en que todo su mundo cambia, el momento en que conoce a Grimaldi. Es una radiografía del alma de esta mujer con el debate ético como mero escenario narrativo.
Miel ¿Hasta donde llegan nuestros principios?
Aunque con una narración muy retórica, Miel no es en absoluto pretenciosa. Está dirigida de una forma sencilla, humilde, con un magnífico ritmo durante toda la cinta, mientras que la fotografía y, sobre todo el sonido (o en ocasiones su ausencia), no cesan de sorprendernos y casi embriagarnos por su sencillez y efectividad.

En resumen, una bella sinfonía de sonidos y silencios, acompañada de una preciosa fotografía, y que nos cuenta una historia tierna y dura a la vez, de una forma muy madura para una opera prima. Una de las películas del año sin duda.

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