16 febrero 2012 Críticas, Drama

Cuando uno termina el visionado de Moneyball se queda con un sabor agridulce. Por un lado sabes que acabas de ver una buena película, pero por otro te quedas frío, indiferente ante lo que acaba de suceder en la pantalla. Y es que la cinta dirigida por Bennet Miller contiene grandes aciertos y algún que otro fallo, que aunque menor, lastra el contenido final situándose en una templada tierra de nadie.

Las dos grandes bazas del filme son la interpretación de un Brad Pitt portentoso que sabe dotar de credibilidad a su personaje en una composición extraordinaria que justifica con creces su merecida nominación al Oscar y un guión impecable firmado por Aaron Sorkin y Steven Zaillian con esos diálogos excelentes a los que nos tiene tan bien acostumbrados el primero. También es destacable en algunos aspectos el trabajo del director, sobre todo en la composición de algunos planos y en unos acertados alejamientos de cámara.

Bennet Miller asegura que no nos encontramos ante una película épica de deportes al estilo Hollywood, sin embargo aunque está claro que estamos quizá en las antípodas de cintas como Un domingo cualquiera, de Oliver Stone, la afirmación del director no es del todo cierta. Y aquí es dónde empezamos con esos fallos que comentábamos al principio, aunque Bennet Miller hace un loable esfuerzo por huir de los tópicos de este tipo de cine, en una de las escenas clave de la película parece olvidar de pronto su discurso y nos brinda todo un repertorio de situaciones vistas hasta la saciedad en las películas de deportes americanas.

Ese tipo de concesiones e indecisiones del director van minando Moneyball del mismo modo que la historia, a pesar del sólido guión, tampoco da para mucho como delata el hecho de que en principio lo que se iba a rodar era un documental producido por Brad Pitt. Otro de los errores de esta película es el desaprovechamiento que hace de un elenco excelente con actores de la talla de Jonah Hill, Philip Seymour Hoffman o la presencia siempre agradable de Robin Wright Penn. En el caso del primero, nominado también en categoría de mejor actor de reparto, se le podría haber sacado mucho más jugo al papel de este actor que está pidiendo a gritos de talento algo de más enjundia. En el caso de los otros dos quedan relegados a intervenciones casi testimoniales, fagocitados por la omnipresencia en pantalla de Brad Pitt.

En definitiva, a pesar de ser una buena película, Moneyball falla precisamente dónde más quiere acertar. Bennet Miller no consigue en ningún momento definirse sobre qué tipo de película quiere, sacrifica demasiado a sus secundarios para resaltar el buen hacer de su protagonista, traiciona su propia declaración de intenciones y consigue que la cinta peque, si no de frialdad, sí de una marcada distancia con el espectador al que no llega jamás a transmitir una emoción que perdure al menos el rato que se tarda en volver a casa.Visto el resultado, tal vez hubiese sido mejor no esforzarse tanto en huir de la épica.

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  1. Bitacoras.com 16 febrero 2012

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