24 mayo 2016 Biográfico, Comedia, Críticas, Romántica

Noche real

El 8 de mayo de 1945 se declaró el cese de las hostilidades en Europa. A medianoche la II Guerra Mundial terminó. El pueblo de Londres se dio a las calles para celebrar, y entre los congregados dos jóvenes princesas de incógnito: Margarita y la heredera del trono británico, Isabel. La histórica noche cuenta ya con su película correspondiente.

En Noche real Julian Jarrold -responsable de Retorno a Brideshead en 2008, Pisando fuerte en 2005 o la más conocida La joven Jane Austen de 2007 con Anne Hathaway y James McAvoy como protagonistas- recupera los hechos con inventivas diversas y toques de humor inglés.

De inicio ágil, aún fugaz, los noventa minutos de metraje vuelan ante el espectador en una sucesión de anécdotas, encontronazos y gags, una nube de rostros y brindis con pulso. Ya en minutos introductorios observamos que Noche real no acude al humor fácil de piel de plátano, apuesta por cierta pomposa sutileza a un coste; algunas bromas quedan cojas, otras no llegarán al gran público europeo en toda su gracia.

Noche real

Ni en comedia ni en romance el producto de Jarrold se atañe a las costumbres derrochadas de los géneros. Si bien la princesa topará con su príncipe y vivirá con él aventuras nocturnas, se rehuye la ñoñería sentimental sin pábulo, el enamoramiento obvio y ciego, así como el final de confeti y bodorrio -muy inglés, por cierto-.

Destacable obra de Christophe Beaucarne a la fotografía, notable disposición de escenarios, vestuario y demás elementos contextuales. Muy logrado el entorno narrado, delicioso al ojo. La trama fluye en escenas de situación. Margarita se perderá en la noche londinense e Isabel topará todo tipo de desventuras para encontrarla y devolverla a Palacio a salvo.

Subyace una intencionalidad algo desapercibida y vaga. Con evidente respeto hacia la Casa Real de Reino Unido y en claro homenaje a la victoria aliada sobre las fuerzas totalitarias de Europa a mediados del siglo XX, Noche real apuesta también por dar luz al contraste social de la época. Acostumbrada a la obediencia, el recato y la mesura, la princesa conocerá callejones oscuros, familias sin techo a causa de los bombardeos alemanes, mujeres de luna y escote, negocios emponzoñados en la victoriosa capital.

Noche real

El protagonismo absoluto recae sobre Sarah Gadon y Jack Reynor, quedando Bel Powley en segundo plano y Emily Watson y Rupert Everett como figurantes principales. Mientras Reynor juega al guapo contrito a la par que desinteresado y pasivo, Gadon firma un personaje desenvuelto, admirable, digno de ser recordado. Disonante quizá la relación entre ambos.

El lastre de Noche real se halla en que si bien muestra exquisita manufactura a la realización y la recreación de un universo, no alcanza mayor recorrido. La historia se cierra antes de entrar en la sala de cine, ha sido creada como entretenimiento circunstancial sin visos de profundidad, una charca dulce pero sin fauna. Entrega lo prometido -que no es demasiado- y desanda sus pasos con las manos vacías, tarareando una reconocible sintonía de épocas pasadas.

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