4 abril 2016 Acción, Aventura, Ciencia-Ficción, Comedia, Críticas, Romántica

Orgullo, prejuicio y zombies

Londres en sitio. De un lado la aristocracia británica se regala con el té, los rumores de nuncias y el verde country. Del otro una plaga de zombies asalta a los caminantes para comer sus cerebros. Cinco hermanas instruidas en el arte de la guerra y el combate a cuchilladas deben enfrentarse al peor demonio: su madre trata de buscarles pretendientes a la altura. Y ni ellas ni los no-muertos van a poner el ‘sí, quiero’ en bandeja.

Así queda la premisa inicial de Orgullo, prejuicio y zombies, película en estreno de Burr Steers17 otra vez (2009), Siempre a mi lado (2010)-. La temática espanta a un sector de espectadores y atrae a otros. Si no le importa ver vísceras, puede que la cinta le sorprenda.

Con evidentes guiños al cine de serie B -la sola idea del título anima a cualquier amante de Braindead, tu madre se ha comido a mi perro– este matrimonio entre Jane Austen y Guerra mundial Z disfruta de notables efectos especiales, maquillaje y producción técnica.

Orgullo, prejuicio y zombies

El trabajo bebe mucho de su faceta romántica, quedando la acción ninja circunscrita a momentos puntuales. El guión de Steers respeta la trama del Orgullo y prejuicio original de Austen, como también hizo Seth Grahame-Smith en su adaptación zombie novelizada. Los líos de amores y los malentendidos se anteponen al apocalipsis, que contextualiza y ofrece el toque humorístico y de excesos.

Cuenta con una trama más compleja y humana de lo que cabe esperar antes de entrar a la sala de cine. Si tomamos Orgullo, prejuicio y zombies como una broma amena lograremos disfrutar de un buen entretenimiento. A nadie engañamos al afirmar que no opta al Oscar a Mejor película, pero descartarla por su temática nos privaría de varias cualidades positivas.

Orgullo, prejuicio y zombies

Entre ellas se cuenta el elenco interpretativo. Lily James atrae la atención desde el minuto uno con su dureza orgullosa. Buena interpretación, como también lo es la aportada por un taciturno y duro Sam Riley, quien nos enseña que también hay que saber hacerse odiar. Fabulosa Bella Heathcote como la hermana inocente, bella y enamoradiza.

Destacamos la labor de Matt Smith en un papel tan necesario por momentos como prescindible en el conjunto (correcto en una interpretación insuflada por el undécimo Doctor), si bien actores como el pasivo Douglas Booth o unos secundarios Charles Dance, Jack Huston o Lena Headey no aportan demasiado en este aspecto. Lo siento por los admiradores de Juego de tronos.

Orgullo, prejuicio y zombies

Con un humor ora británico ora pueril (mocos, cabezas reventadas y vísceras en general) la película enfila hacia una culminación propia del Hollywood que conocemos, con ingentes cantidades de resucitados, explosiones y perdices. ¡Ojo! No dejen su asiento al inicio de los créditos, pues guardan una escena final en su seno.

No puede pedirse peras al olmo, pero Orgullo, prejuicio y zombies da más de lo que promete. Y menos: las escenas de zombies quedan en minoría, las románticas y de situación priman, y para bien. Un divertimento tan efectivo como banal que ver, saborear y olvidar. No la amará, pero existen opciones mucho peores para pasar la tarde.

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