29 enero 2016 Aventura, Comedia, Críticas, Fantasía

Pesadillas

Confieso no haber pegado ojo tras acabar un libro de la saga literaria Pesadillas. Pertenezco a esa generación que degustó los éxitos de R.L. Stine. Por ello no he podido resistir la tentación de asomarme a la adaptación genérica ideada por Rob Letterman (El Espantatiburones, Monstruos contra alienígenas, Los viajes de Gulliver).

Llega demasiado tarde. Quienes leímos las insólitas aventuras de terror en nuestra tierna juventud consumimos -por lo general- un cine distinto al aportado en Pesadillas (el último tomo de la saga fue editado en 1999). Apelaremos a nuestra-vuestra añoranza más que a vuestros escalofríos.

Pesadillas

La trama de la película gira en torno al autor de las novelas. R.L. Stine vive con todos sus monstruos encerrados en libros. Hasta que un propicio accidente los libera. El yeti, el hombre lobo, graciosos enanitos de jardín que recuerdan a Gremlins, una mantis religiosa gigante o el temible Slappy invadirán la ciudad. La comparación con Jumanji (1995) resulta inevitable: tres jóvenes y un adulto liberan catástrofes a cada cual más variopinta y se las verán para devolverlos a la realidad de la que provienen.

La cinta se conforma con lugares comunes, gags manidos por lo general que arrancarán alguna sonrisa ocasional y personajes tópicos en la narrativa audiovisual del Hollywood actual: héroe juvenil que enomarará a quinceañeras, chica de ojazos vestida cool que necesitará ser rescatada más de lo recomendable para el siglo XXI y un secundario patético en exceso, como si no tuviese vida propia más allá de sus escenas.

Pesadillas

Pesadillas bebe de la iconografía estadounidense ya clásica: bailes de instituto, grupos de ‘populares’ caminando por los pasillos, refrescos de gas y un canon de belleza perfeccionista poco recomendable para menores. Una ‘americanada’ más.

Confieso mi sonrisa ante una pareja policial surrealista y algún que otro juego de palabras acertado, pero en términos generales se abusa de un humor simple mil veces pateado. La banda sonora acompaña las mejores escenas de la cinta sin resultar llamativa en especial. El gran acierto de Pesadillas estriba en sus efectos especiales: trabajados yetis, hombres lobos, enormes mantis e incluso gelatinas letales.

También gustará la heterogeneidad entre los antagonistas, aunque la creación de monstruos corrió de la cuenta de R.L. Stine durante los años 90. Rob Letterman y sus guionistas se han topado con el trabajo hecho. Ni Dylan Minnette, ni una semi-debutante Odeya Rush, ni Ryan Lee, ni un poco creíble Jack Black destacan por su labor interpretativa, que copia cualquier personaje de película juvenil que se os pase por la cabeza. Quizá en interpretación se lleve el gato al agua el elenco femenino adulto por abandono: Amy Ryan y Jillian Bell.

Pesadillas

El espectador atento buscará referencias explícitas a películas anteriores de su director, e incluso cameos inesperados. La película da lo que promete en su tráiler: una historia para adolescentes -con amor a lo Crepúsculo incluido- con un puñado pintoresco de monstruos destructores que harán las delicias de los más pequeños.

Pesadillas de Rob Letterman supone una aproximación ligera al cine de catástrofes y de terror en menor medida. Un ejercicio que no se hace pesado al espectador, y que si bien no perdurará en su memoria en un rincón especial (al menos para los adultos), sí supone una dosis entretenida de efectos especiales, bichos, carreras contra la muerte y cosas saltando en pedazos. ¿Alguien esperaba más?

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