29 mayo 2014 Drama

Post Tenebras Lux: un viaje inquietante a nuestra oscuridad

Tras su estreno en el festival de Cannes, donde Carlos Reygadas ganó el premio al mejor director en 2012 (además de muchos otros premios en otros festivales), llega a nuestro país esta obra de difícil definición. Nos encontramos con una mezcla de realismo y fantasía, de realidad y ensoñación en la que, en palabras de su director “contiene el presente, el inconsciente, los sueños, los recuerdos, las imágenes del futuro y la conciencia de lo que nos rodea“.

Tras un enigmático e inquietante prólogo, vemos como una pequeña niña camina por el campo entre los animales (perros y vacas) dándoles nombres. Es una escena muy dulce pero a la que no le falta violencia dados los bruscos movimientos de los animales, que nos hacen temer por la niña. Luego llegan los truenos y la oscuridad del título inunda la pantalla.


Juan es un rico industrial que ha decidido marcharse de la ciudad, con su esposa y sus dos hijos, para ir a vivir al campo. En este solitario e idílico lugar parece que podrán encontrar un poco de paz en sus vidas. El matrimonio de Juan con Natalia está viéndose resentido por el hastío sexual, los problemas coyunturales de criar a dos niños pequeños y el hecho de vivir en una comunidad en la que se siente un extraño. Cuando un tremendo suceso se cierne sobre su vida, Juan comienza a reevaluar todo lo que es importante para él, a través de una serie de visiones impactantes de su pasado, presente y posibles futuros.

Post Tenebras Lux: un viaje inquietante a nuestra oscuridad

Fuera de este argumento, presumiblemente tópico, el director realiza una curiosa obra que destaca por su platicidad, su narración no lineal, cargada de poesía y violencia cruda, y distorsiones ópticas que la convierten en un viaje nada convencional. Su ritmo pausado, con largas tomas estáticas, personajes que hablan o actúan fuera de plano y la ausencia total de banda sonora musical, sustituida por el ruido ambiente, serán elementos que seguramente repelerán a cualquier espectador no avisado de que esta película es cualquier cosa menos el cine comercial al que estamos tan habituados.

Llena de simbolismo, no siempre claramente traducible, Carlos Reygadas nos propone un viaje desde la oscuridad a la luz en la que sí podríamos identificar algunos elementos: la oscuridad parece claro que representa la crisis interna de Juan, autoengañado en su propia vida (vive aislado del mundo pero con todas las comodidades). Sin embargo, no resulta tan claro averiguar a qué luz (tras la oscuridad) se refiere. No tenemos un final feliz en esta obra, ni mucho menos. No obstante, una de las escenas posiblemente más reveladoras es cuando Juan está en su cama recuperándose de la tragedia citada, y con una mirada vacía cuenta su sueño, finalizando con que ansia recuperar un tiempo en el que “sólo tenía que existir”.

Probablemente, Juan sea como el príncipe Bolkonsky de Guerra y Paz (obra de Tolstói que se cita en la película y no por casualidad): ambos siempre están insatisfechos de su vida y ambos cambian la percepción de su mundo en el momento de su muerte. A pesar de vivir rodeado de todo lo que desea (una familia que le quiere, una magnífica casa, salud, dinero…) vive en las tinieblas hasta que, en el lecho de muerte “ve la luz” y comprende el verdadero valor de las cosas. De ahí, tal vez, la canción que canten él y su mujer, “It’s a Dream” de Neil Young.

Post Tenebras Lux: un viaje inquietante a nuestra oscuridad

En resumen: con una aparentemente narración inconexa y plagada de escenas que saltan en el tiempo, Post Tenebras Lux es una obra que no dejará indiferente a nadie. Su belleza visual es innegable, pero su forma de contar la historia es mucho más discutible. Lo que no podemos negarle a Reygadas es su capacidad de transmitir sensaciones (perturbadoras normalmente) y de hacernos reflexionar tanto por el mensaje de la obra, como por su forma.

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